Σοφία
Puntuación: +2+x

Autor/a: Dzulum CupilDzulum Cupil
Canon al cual pertenece: N/A


Soñé que leía un libro. No un libro cualquiera, sino uno hecho de espuma y viento, abierto sobre una mesa cuya forma era cambiante, como si se difuminara con el entorno. Era una representación onírica, eso lo entendía incluso mientras soñaba, como si el texto se escribiera a sí mismo en el lenguaje de los sueños y no de los mortales.

La única frase que recuerdo, la única que importaba, quizás, decía esto:

“Una vez que conoces el nombre de una sirena, ella desaparece.”

Era una advertencia, también una promesa. Tal vez, una petición.

Desde la costa me seguía una sirena. Llevaba siguiéndome más de cinco años, desde que apenas cruzaba la frontera de la infancia. Yo era un adolescente débil, o al menos eso solía pensar sobre mí la gente del pueblo. No tenía cuerpo de guerrero ni voz de mando, pero sí la perspicacia suficiente como para ser un cazador.

A veces, al caminar por la playa en las primeras horas del día, veía sus huellas que no dejaban marca. Sombras largas entre las olas. Una canción que no se oía, pero se sentía en el alma. Sabía que estaba ahí. Nunca cerca, nunca lejos, siempre en el borde.

Me seguía desde la niebla, desde los charcos salobres, desde las tormentas. Nunca hablaba, nunca se mostraba por completo. A veces, en las noches sin luna, creía verla en los reflejos; una figura blanca, casi traslúcida, con ojos que no eran de añoranza, sino de una tristeza más profunda.

No sabía qué quería de mí.

¿Estaba enamorada? ¿Era eso lo que significaba esa persistencia silenciosa? ¿O acaso me vigilaba para que, un día, dijera su nombre?

Porque yo lo intuía. Aunque nadie me lo había dicho, aunque no tenía forma de saberlo, sentía que el nombre estaba allí, escondido en algún lugar de mi memoria. Como una palabra que una vez fue mía, pero que olvidé en la orilla. Y ella… ella esperaba. No con paciencia, sino con una especie de desesperación quieta.

¿Quería desaparecer?
¿Quería que yo la liberara de su vida, de su existencia?

Tal vez eso era el amor de una sirena, no tocar, no hablar, no quedarse… sino ser recordada lo justo para poder desvanecerse.

Me pregunto si alguna vez la nombré entre sueños, si en medio de murmullos y respiraciones cansadas solté sin querer la palabra que la traería al olvido.

Porque ya no la siento.

Ni en las mañanas de neblina, ni en el rumor del oleaje. Ya no tengo compañía.

Hay días en los que miro al horizonte, con el arco en la espalda y la arena en los pies, y susurro su nombre, por si acaso quiere volver.

O por si aún no se ha ido del todo.




Te extraño, Sofía

Ojalá me hubieras llevado contigo, no he dejado de pensar en ti estos últimos años

Si no se indica lo contrario, el contenido de esta página se ofrece bajo Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License