MUJŌKAO

Autor: Dr_Niko_25Dr_Niko_25
Canon: N/A

Puntuación: +1+x

Ya no lo soporto más. Hagan que se largue. Por favor.
Esa mujer… No. Esa cosa lleva horas en mi ventana, quieta, en silencio… inexpresiva.
¿Cuánto tiempo lleva este demonio ahí?
Me desperté y estaba ahí, con su rostro pálido, aquella mirada vacía, observándome. No ha hecho nada más que verme, vigilarme. Me está cazando.
Este espectro… me eligió a mí como su víctima, ¿Por qué? ¿Por qué yo? ¡Mierda!

Quiero huir, quiero escapar, pero no tendré oportunidad alguna. Sé que me atrapará, ella hará algo y me matará antes de lo previsto. Y aunque quiera huir en busca de una mínima esperanza de sobrevivir y ver una vez más la luz del amanecer, no puedo, mis piernas… no responden.
Solo… estoy sumida en mi cama, enterrando el rostro en entre mis rodillas, en una impotente posición fetal. Mi mirada vaga y se topa con la suya. No hay ningún rastro de emoción en este petrificado rostro, pero estoy segura de que está sonriendo internamente al verme en este estado.

¿Por qué este horroroso yōkai tenía que aparecer en mi distrito? Claro, ella siempre fue la culpable de todos esos gatos desaparecidos… ella se los come, cuando aparecía un gatito estaba destrozado y a medio masticar. Ella no parece poseer algún rastro de su antigua humanidad… si es que la tuvo.
Mujōkao, déjame en paz, ¡Vete! Por favor…

¿No te cansas de esto? Simplemente vigilando, de cerca. Maldita seas, ¿Cómo carajo estás parada en mi ventana? Mi apartamento está en el cuarto piso del edificio, y aun así… estás tan tranquila, pacífica e inamovible, como… como un ángel.

En este punto, no sé qué es peor…
Que te estés así de tranquila o que vuelvas a moverte.
Carajo, casi me da un jodido infarto cuando empezaste a moverte… golpeando tu cara contra la ventana, una y otra vez, en un bucle.
Un bucle de golpes tan insistentes y desesperados, y aun así sin alguna arruga o expresión en tu rostro. Tan pacífica, tranquila, hacía que los golpes sonarán como un arrullo para dormir, especialmente para mí; era aterrador. Siempre viéndome directo a los ojos, sin dañar su maquillaje.

Tan callada, desde que apareciste parece que todos los demás ruidos del mundo han desaparecido. No escucho ni mi propia respiración.
Otra vez estás quieta, Mujōkao.
Me has dicho tanto con tu mirada y aquella inexistente expresión. Ya no hay un mañana para mí, ¿Verdad?
Quiero reír, quiero llorar, pero no puedo, solo soy una masa de temblores.

Abres mi ventana, lista para finalizar con esto.
Y aun así, mientras más te acercas el propio silencio, aún más estridente que antes, parece ser ahogado aún más en aquel abismo del nada.

Pero… no, si has hablado.
Estuviste hablando conmigo desde el inicio, ¿Verdad, Mujōkao?
Tu voz… es hermosa, silenciosa… metálica, inhumana.
Has estado repitiendo lo mismo desde que te manifestaste, hablando tan bajo, algo menor que un simple murmullo o un susurro; un sonido tan inexistente que ni tus labios captan que deben moverse.

Yo también lo escucho, se hace más claro conforme te acercas a mi cama. Lo escucho claro. No vale la pena rezar mi salvación, ¿Qué más da cuando eres tú?
Tienes razón, seguro la tienes, pero no quiero pensarlo…

Parada frente a mí, te escucho, Mujōkao.
Repitiendo, anunciando, predicando la verdad de tus palabras autoproclamatorias…

Yo… soy… Dios.

Si no se indica lo contrario, el contenido de esta página se ofrece bajo Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License