¡Hola! — Exclamó una pequeña y chillona voz.
Este hecho dejó confundida a Vanessa, quien mira por todos lados de su casa asustada, buscando la procedencia de la voz sin éxito alguno.
Estoy aquí, tontita. ¡Mira la maceta! — Volvió a gritar la pequeña y diminuta voz. Vanessa obedeciendo se acerca y mira con cautela y ahí lo ve: Una diminuta esfera de no más de un milímetro de diámetro y de un fuerte color dorado metálico posado sobre el pétalo de sus petunias.
¡Ya me viste! — Dice de nuevo la pequeña voz, o mejor dicho, dice la diminuta esfera dorada. Vanessa retrocede de la impresión.
¿Que cojones eres? — Grita Vanessa alejándose lentamente mientras mira hacia la maceta. Está confundida, debe ser una broma, pero no hay nadie más que ella en su departamento.
Soy… Soy… No sé qué soy. Pero estoy aquí. — Exclamó la confundida esfera.
Vanessa se acerca luego de unos segundos de silencio y en un tono bajo pregunta: ¿Quién eres? ¿Cómo llegaste a mi hogar?
Respondiendo un tono agudo y alegre, la pequeña voz dice: Me llamo Miatrix, lo acabo de escoger. No tenía un nombre. Bueno, no sé si tuve alguno alguna vez, pero, ahora, ese será mi nombre. Y sobre cómo llegué a aquí, el viento me trajo hace unas horas, entre por la ventana. Me hubiera ido, pero, soy incapaz de moverme por mi cuenta.
Vanessa se siente confundida por estar hablando con aquella cosa, y más por sus extrañas y alegres declaraciones.
¿Cómo te llamas, señorita? — Pregunta la pequeña esfera.
Vanessa duda momentáneamente antes de responder con un leve tartamudeo en su hablar: Vanessa. Mi nombre es Vanessa.
Bien, Vanessa. Sé que es repentino, pero quiero pedirte que me dejes vivir aquí. — Murmura, la voz, en su tono, se nota algo apenada, seguramente por su drástica sugerencia.
Vanessa se queda en silencio analizando la pregunta y posibilidades. Sabía que esto era antinatural, pero algo en su interior le incito a hacerlo. Con una voz firme, Vanessa habla: Bien, Miatrix. Te puedes quedar aquí.
La pequeña espera chilla de alegría en su lugar sobre los pétalos de petunia. Ambas se quedan hablando y charlando por horas, comenzando a confiar entre y estrechar lazos, lazos que pronto florecerán.
Ni Vanessa ni Miatrix lo saben aún, pero este extraño encuentro sin sentido alguno llevará a una linda amistad en el futuro.
Finalmente, Vanessa obtuvo una verdadera amiga en sus veintidós años de vida. Por otro lado, Miatrix obtuvo por primera una vez alguien con quien hablar en sus más de trescientos años olvidados de existencia.
