La Serpiente Que Me Escucha

[LA SERPIENTE QUE ME ESCUCHA]

Autor: Dr_Niko_25Dr_Niko_25
Canon: N/A

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Cada noche lloro en silencio en mi habitación, acurrucándome entre mis mantas, luchando por contener mis lágrimas.
Nadie me escucha.
Salvo ella.

Ella siempre me ha escuchado llorar cada noche desde que esta tortura comenzó. Con su cuerpo alargado y serpentino, sus escamas blancas que brillan ante la luz de la luna que entre por la ventana de mi habitación. Siempre me observa con esos fríos ojos blancos y muertos, mientras mueve su par de albinas orejas de zorro escuchando mis lamentos.

Nunca me ha dicho nada, solo me ve llorar desde la oscuridad de mi habitación, entre las grietas de la pared… pero, de cierto modo, eso me da un consuelo.
Me ayuda a olvidar momentáneamente el dolor ahí abajo que me causa mi tío cada vez que papá y mamá no están.

Les he dicho cientos de veces, pero me llaman mentirosa y me castigan. Y cuando mi tío se entera, se vuelve peor.
Al menos ella está ahí para mí, escuchándome y dándome un extraño consuelo mientras sale de entre las grietas como un líquido negro y viscoso, al igual que el alquitrán, mientras se acerca a hasta mi cama recuperando su forma serpentina y enrollándose en mi brazo con ternura.
Su tacto es frío y liso, pero es cálido a la vez, sintiéndome querida y acompañada mientras recuesta su cabeza en mi hombro y me susurra siseos sin sentido.

Hoy fue todo lo mismo. Mis padres yéndose a trabajar y dejándome a cargo de mi tío. Cómo siempre, él quiere jugar en su habitación por horas, parando cuando mis padres estén cerca de llegar.
Hoy fue más brusco que lo usual, me lastimó. Me hizo sangrar, duele, pero no puedo hablar.

Cómo todas las noches, ella vino a consolarme. Pero hoy me habló entre siseos animales.
Ella me dice cosas. Son cosas feas, cosas malas. Me está indicando que lo haga y que así dejaré de sufrir.
Confío en ella.

Así fue como salí en silencio de mi habitación mientras todos dormían, llevando a mi amiga escamosa enrollada alrededor de mi cuello.
Con sillas trabé las puertas de las habitaciones de mis padres y mi tío. En silencio absoluto de la oscura noche bajó por las escaleras hasta la cocina.

Busqué lo que ella me pidió, no lo encontraba, pero ella me ayudó apuntando su lengua doble hacia la dirección del objeto que ayudaría a acabar con este infierno.
Así fue como agarré la caja de fósforos y me dirigí a la puerta principal de mi hogar.

Tenía miedo, pero estaba decidida. Ella me daba su fuerza, su poder para acabar con esta tortura.
Respiré hondo, encendí un fósforo y lo arrojé contra las cortinas de la ventana. Estas se prendieron al poco tiempo iluminando el lugar con su abrazador brillo y calor, alimentando mi cuerpo helado y herido.

Junto a ella, mi nueva familia salí de la casa cerrando la puerta tras de mí, mientras todo en su interior era consumido por las llamas.

Ahora, estoy libre de esa pesadilla. Es emocionante. Me siento más viva que nunca. Ya no estaré sola porque la tenga a ella, aquella serpiente que siempre me ha escuchado mis súplicas.

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