La Bestia Capitulo 1

[1] Våkne

Autor: Lluzyferr NaleanyLluzyferr Naleany
Canon: N/A

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El frío, la verde gramilla y las aves cantaban alrededor de un cuerpo tirado e inerte en medio del bosque.
Sin embargo, el mismo se levanta y mira a su alrededor.

Sus vacíos ojos blancos brillaban como el sol y sus cabellos oscuros revoloteaban gracias a la incansable brisa de la noche.
Caminó con dificultad, adaptándose a sus extraños pies de metal y llegó a un risco.
Desde ese risco se veía una inmensa ciudad brillante y viva.

Sentía ganas de saciar su apetito con carne fresca, pero no había nada a sus cercanías. Excepto un ciervo.
El ente desconocido de brillantes ojos lo deseaba, su metálica y pinchuda cola se movía de lado a lado mientras la pinza de la misma se abría y cerraba.
Más pronto que nunca, se lanzó contra el animal y lo despedazó a mordiscos, rasguños y cortes letales.
Con su comida servida, no esperó para saciar su hambruna incalculable y comenzó a comerse los órganos, la carne y la piel del animal que cazó con júbilo.

Sus dientes filosos, ya ensangrentados eran blancos y fuertes como el hierro, sin embargo, su mutilada boca formaba una aterradora sonrisa permanente que se manchaba con la cálida sangre del animal.
Sus cachetes eran casi inexistentes a causa de esa mórbida sonrisa.
Su ropa también se vio afectada por la comida.
Poseía un vestido rosa y celeste que acababa en una falda igual de rosa.
Su pinchuda cola, la cual acababa en una potente pinza, se enroscaba con felicidad mientras la mandíbula de la niña se abría y cerraba con salvajismo animal.

Pero oyó algo que le llamó la atención. Escuchó una vocalización que produjo el levantamiento de una de sus mecánicas y artificiales orejas, semejantes a la de un zorro, hacia un costado.
Levantó la mirada y comenzó, por una razón que ni ella entendía, un impulso instintivo e innato, a seguir el extraño sonido lejano.
Recorrió varios metros entre arboles, animales y una superficie camino abajo que le costó bajar.
Pero al llegar, logro ver como un hombre, de aspecto descuidado, cabello corto y piel blanca le apuntaba con una pistola a una joven obligándola a desvestirse.
Los ojos de la chica estaban llenos de lágrimas mientras se quitaba las prendas con humillación y miedo.

La entidad de filosos dientes, al percibir tal acto, comenzó a padecer de pequeño espasmos y sus ojos se vieron inundados de horribles recuerdos.
Recuerdos en donde sus ojos veían a tipos con casco de motociclistas que se la llevaban a una gran camioneta que manejaba lejos de donde pertenecía.
La entidad de macabra sonrisa no tardó en saber lo que pasaba. Una atrocidad se estaba llevando a cabo y debía evitarlo a toda costa.
Un impulso desconocido se lo ordenaba.
Se acercó a la escena, se escondió detrás de una pared y se asomó pensando el mejor momento para atacar.
El miserable se arrodilló a la altura de las intimidades de la chica, a punto de llevar a cabo el crimen.
Sin embargo, la entidad de mórbida sonrisa saltó hacia el hombre y aterrizó enterrando sus filosas patas de cuchilla en su espalda.
Comenzó a arañar y destrozar la carne del criminal mientras el mismo agonizaba.
La chica se vistió nuevamente y, con terror, corrió del callejón lejos de la sangrienta matanza.
La niña de brillantes ojos levantó la cabeza y observó como la víctima se retiraba despavorida.
Parece ser que la rescató de una horrible experiencia.
Otros recuerdos inundaron sus retinas, podía ver a un hombre, también con mascara de motociclista, enfrente suyo que se quitaba el cinturón y procedió a lanzarle latigazos.
En el quinto impacto, la bestia de macabros dientes volvió a la realidad.
Mareada, observó el cadáver.
Tenia más hambre.

Lentamente, el sol emergía del horizonte y el cielo se aclaraba.
El mutilado cuerpo del hombre estaba siendo devorado por la terrorífica niña y su sangre estaba desparramada por todo el suelo.

Se detuvo y se propuso a salir de ese sitio de una vez. Comenzó a escalar la pared de un edificio hasta llegar a la terraza y observar la hermosa puesta de sol, un sol bastante grande y chocante.
Unas azules aves volaban en grandes grupos, la niña camino aun mas y dio un gran salto para luego aterrizar en un balcón no tan grande.
Miró el interior y estaba vacío, por suerte.
Hasta que la puerta se abrió y entró un viejo.
La perturbadora niña desapareció antes de que el anciano se percate de su existencia.

La letal chiquilla siguió explorando sus alrededores en la mañana. Corriendo, saltando, escalando y escabulléndose por todos lados.

Pero, desgraciadamente, logró interceptar y escuchar gritos masculinos y femeninos. Dudosamente sea solo uno el enemigo.

Escaló por mas edificios y por una terraza. Vio como tres personas, un hombre y dos mujeres torturaban a una pareja de adultos.
La niña saltó y una de sus patas se clavó en la cabeza del hombre, mantuvo equilibrio mirando como las dos mujeres y las víctimas se aterraban con su apariencia y su acción.

Se impulsó y tal movimiento hizo que la cabeza del tipo sea arrancada y luego retirada de la misma cuchilla. Llegó al frente de una de las atacantes y con sus fuertes garras metálicas, le rebanó el estómago causando la liberación de sus intestinos.
La otra atacante efectuó un disparo hacia la niña que le produjo un agujero en el brazo izquierdo. La demoníaca criatura, luego de ver el cuerpo muerto de la cómplice, se tira hacia la ultima criminal y con sus mismas manos le arranca la cara, literalmente.

La pareja miró horrorizada a su salvadora, se levantaron temblorosos y corrieron agradeciéndole a quien fuese, menos a la niña, de su suerte.
En la mente de la monstruosa criatura, invadieron mas recuerdos borrosos. Pero podía sentir la filosa y fría hoja de la sierra en sus piernas y dedos.
No tuvo una muerte pacífica.
Miró su mano y logro notar que carecía de pulgares, fueron cortados. Sus dedos reemplazados por metales filosos y duros hechos para destruir todo.
Sus piernas eran delgadas, robóticas, digitígradas, sangrientas y pinchudas.
Básicamente, se convirtió en una máquina de matar.
¿Como llegó a esto?
Tenia que saberlo ella misma. Su mente estaba confundida y tenia aún mucha hambre, por lo tanto, comenzó a repetir el mismo proceso; devorarse a sus víctimas.
Nada la alertó y no parecía haber ningún peligro alrededor. Su estomago estaba lleno y decidió hacer lo que todo ser "vivo" haría: Dormir.

Escapó del lugar y llegó a otra terraza, parecía ser, que los techos eran su mejor suelo.
Se acomodó, y como si fuese un gato, se enroscó para cerrar sus blancos ojos y entrar en profundo sueño.

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