Innombrable

Autor: Lluzyferr NaleanyLluzyferr Naleany
Canon: N/A

Puntuación: 0+x

Sollozos sonaban a travez del parlante, pedidos que clamaban la liberación de aquel infierno pulcro y pulido, causado por su satanás de numerosas patas y horrible color. Golpeaban las paredes y el ventanal, llorando, vomitando. Los gritos resultantes recordaban al horror ocular que residía en Japón.
Pero algo más terrible y deprimente que el infierno vivo allí dentro, era la frialdad e indiferencia que moraba del otro lado.
Salvo, por unos pocos.
Entre esos pocos, la chica de un ojo observaba los resultados con inquietud e incomodidad. Estos trabajos eran ciertamente aterradores.
"No te sientas mal por ellos…" Recordó su conciencia.
"Algunos, no se pueden considerar humanos por sus actos…" Continuó su cabeza, intentando desesperadamente alivianar el impacto.
"Recuerda, si están aquí por algo, se lo merecen." Finalizaron las voces irreconocibles dentro de ella.

Suspiró con incomodidad y un escalofrío que recorría su cuerpo, mientras escuchaba los gritos y oraciones innombrables debido al horror que allí moraba tras el ventanal.
██An.C-2_001.N… ─Dijo susurrante para sus adentros, intentando ignorar su entorno. ─An.C-2_001.N… Aquel del cual no sabemos… No escucho, no veo, no pienso… Solo escribo.

La lapicera comenzó a viajar por la hoja apoyada sobre la pieza de madera que la sostenía.
Dio un vistazo a su alrededor, todos seguían en sus lugares, escribiendo, observando indiferentes a un ventanal que daba a un recinto cuadrado y aparentemente vacío.
Volteó a la hoja, escribiendo y pensando…
Pensando…
¿Qué estaba escribiendo?

Un malestar comenzó a batirle el estómago, sus ojos se inundaban de imágenes grotescas de miles de cuerpos gordos, ovalados, marrones y de múltiples patas que iban y venían en correteadas rápidas por toda la sala de investigación.
Cerró los ojos con fuerza, respirando con rapidez, hiperventilándose… masticando sus dientes en su palpable horror que los cacofónicos sonidos insectoides le proporcionaban.
Abrió los ojos, y no había nada.
Pero realmente nada.
Solo ella, su hoja, su mesa, y nada.
Nada vivo.
Se dirigió al ventanal e intentó mirar al suelo.
Pero, algo le daba una punzada insoportable por cada centímetro que se acercaban sus ojos al suelo de aquel recinto ominoso y amenazante.
Sin capacidad de mirar por completo aquello que moraba rodeado de cadáveres chamuscados y desmenuzados, solo sus ojos recolectaron las antenas negras que subían y bajaban.


Todos salieron de la sala de investigación. No se veía esa preocupación y horror que invadió a Raconblaky en esas horas.
Apuró el paso y dejó la planilla en su hueco designado.
Cerró la puerta mirando hacia dentro de la sala, directo al ventanal intentando, de alguna forma, saber que moraba allí.
Una mano cerró la puerta de golpe.
██Dra. Azazel Raconblaky, no lo hagas. ─Afirmó firme el guardia, con una voz casi mecanizada.
██¿Qué hay ahí? ¿Q-qué mató a esas personas?
██No tenemos el permiso para saberlo. Doctora, no se meta en eso… Por su bien. ─Advirtió el hombre, caminando a la esquina del pasillo, donde científicos, técnicos y otros empleados iban y venían con naturalidad. Quizás ignorando lo que habitaba en ese recinto, sin saber que es eso.
"An.C-2_001.N".


Comía en la cafetería, siempre junto a su equipo de investigación.
Pero, aunque reciba palabras, ciencia que todo se volvió más oscuro.
Antes de dar una cucharada al puré que su plato presentaba, vio una extraña y desagradable forma emergiendo tieso de los grumos amarillentos.

La pata amarronadamente oscura de una repugnante cucaracha se mantuvo firme en el puré, luego, surgieron otras tres, hasta que el cuerpo gordo y voluminoso hizo presencia frente a sus ojos.
Tembló de repulsión a un grado enfermizo, gritando y tirando la cuchara con aquella maldita porción bien lejos de la mesa, dándole a un científico que iba pasando.
██¡Azazel! ¿Que sucede? ─Preguntó con notable procupación la robotica Dra. McRubber, quien rápido acudió a ella.
██Una cucaracha. Una cucaracha muerta en el puré… ─Respondió Raconblaky sin mirarla, aún temblando.

McRubber la observó extrañada, sintiendo su miedo e incomodidad que yacia en la joven de nivel 1.
██Aún te falta acostumbrarte…
██No es eso… Kat, esa cosa es horrible, indescriptible ¿Sabes qué es eso? ─Cuestiona Azazel en un trance duradero e inquietante.
██Eh… no, no puedo saberlo. Pero, siento que en algun punto de mi memoria, me suena. No se, An.C-2_001.N es algo que mejor no cuestiono. ─Explicó escuetamente la robot.

Raconblaky se quedó hundida en sus pensamientos, intentando no mirar aquellas figuras que emergían de diversas zonas del sitio. Era repugnante.
Pero, más gente debía saberlo, tenía que pasar la voz y armar un plan de defensa, tenía que hacer algo, algo con su mente incapaz de proezas y habilidades físicas. Quizá esta era su oportunidad de brillar.

Un empujón suave la despertó de su limbo, viendo como el equipo 333 se dirigía a donde la femenina voz de los parlantes indicaba. Pero miró al otro lado, hacia el pasillo de donde vino, de donde moraba la sala de aquella terrible "cosa" que se clavó en su mente joven.
Caminó, mirando discretamente a los guardias, empleados y otros que pasaban sin saber sus objetivos.
Recorrió los pasillos donde sus visiones le presentaban nuevas formas de manifestaciones para las invasivas plagas de cucarachas horrendas, y llegó a la puerta, de la sala donde todo parecía quedarse allí, toda la información, todo lo visto y oído.
La fugitiva volvió a la celda.

Mirando a los lados, los guardias brillaban en su ausencia, así que aprovechó y colocó su tarjeta de identificación en el lector, abriendo la cerradura de la puerta.
Llegó al ventanal, miró hacia atrás, con un panorama oscuro y penumbroso de la sala desordenada, papeles, archivos, computadoras.
Ese dolor seguía impidiéndole ver aquello que moraba en el recinto.
El corazón se aceleraba, su sistema emocional comenzaba a alterarse al saber que una de las máquinas seguía encendida, una de las máquinas que tenía un archivo digitalizado.
Raconblaky se acercó, movió el mouse y vio la imagen.

La santa imagen borroneada de aquello que moraba en el infernal recinto.
Sin valor para quitar la censura, se retiró lentamente de la computadora, manteniendo una mirada fija en las antenas que se agitaban detrás del ventanal.
Con cortos y lentos pasos avanzó ella, Azazel sentía su mente nublarse de lógica, su corazón transformarse en tambor y sus ojos en aterrados transmisores.
Sin aún poder ver a aquello que allí habitaba solemne.

Realizó en su carcomida mente en ir a la entrada del recinto, ubicado con una puerta a un costado de la sala de investigación. Pasó su tarjeta de identificación. La metálica y pesada puerta lentamente se abría, dejaba ver un ambiente hórrido de paredes llenas de una humedad maloliente, un piso de extrañas manchas negras y esquinas amarronadas que solo unas tenues luces cálidas se dignaban a alumbrar.

Pero el mayor horror estaba en una pared, escalando lentamente y de gran tamaño.
Tal como una cabeza oculta, las antenas largas revoloteaban como lazos alocados y serpentinos, mientras las numerosas patas hacían sonidos cortos, asquerosos y quebradizos.
Aquel horror, con su solo color marrón oscuro y las gordas e inactivas alas con forma ovalada, provocaban una indescriptible repulsión absoluta en el todo de Azazel.
No pudo aguantar más y, tras un hórrido vomito, comenzó a gritar y alejarse lo más que pudo de la puerta abierta. Cayó y se recuperó en segundos presa del pánico.

Pero, en su intento de alcanzar la puerta, esta se abrió y un rifle apuntó a su cabeza.
Azazel miró aterrada y confundida el escenario.
██¡Maten a esa cosa, es el horror absoluto! ─Clamó comenzando a acercarse al guardia. Hasta que repentinamente recibió un disparo en la pierna derecha.

Cayó sentada, tapando su herida y tiñendo la ropa y suelo con rojo.
Comenzó a llorar, histérica del dolor y el terror de todo lo que estaba experimentando.
Suplicando por piedad y clemencia, recibió el último disparo.






























"Tus recuerdos… me llenan"

El cuerpo flotaba en una oscuridad absoluta, solo contrastada por una tenue luz venida de un eclipse eterno en el cielo ilógico.
El pilar de al lado de ella marcaba la forma densa de aquel insecto antinatural, un peón de lo que nadie debe saber.
























"Tu desnudez, es tu debilidad"

Parada enfrente de aquel risco infinito, su pálida piel sentía en cada centímetro la brisa gélida de un mundo vacío.
Observó más allá. La serpiente kilométrica miraba con sus cuernos y aros brillantes.
Un vacío infinito se dibuja en los ojos enormes de la "cosa" que ella buscó.
























"Tu debilidad, es mi fortaleza"

Un estruendo oscuro estalló en el infinito vacío donde ella permanecía inconsciente. Un dolor sin explicación ni precedentes se anidó en su mente y memoria con palabras de diversas lenguas desde hace años atrás.
Los flagelos pululaban en la oscuridad fría alrededor de su confundido cerebro, mientras sonidos artificiales hacían notar su existencia en una borrosidad auditiva que, en su ceguera, la hacían imaginar cosas innombrables.

Cada neurona luchaba por permanecer intacta de su influencia. Pero, desafortunadamente y desde aquel estallido, él ya se alojó dentro suyo, creando su propio mundo.
Su ojo derecho se vio inundado por la oscuridad e ignorancia eterna, la cual, de alguna forma, dibujó el camino que guiaría a la serpiente directo a la puerta final.

Imaginó un bosque nocturno, donde el lago moraba con tranquilidad, ojos blancos y observadores se posaban en la oscuridad de la incertidumbre. Ella, insegura, solo siguió flotando inerte mirando las estrellas que tanto se acercaban.
Hasta que él entró para ahogarla en su propio lago.










Tal fue su sorpresa al abrir los ojos, que miró a todas sus direcciones con suma rapidez, que hasta la mareó.
El suelo se movía, no, ella se movía.
Desde la ventana de aquel vehículo que ella tardó en identificar, miró un paisaje campestre y suave donde el cielo limpio y soleado permitía apreciar con agrado.
Se percató de su valija, donde llevaba con confianza sus pocas pertenencias.
Sin embargo, demoró en saber qué estaba sucediendo y a donde iba.
██Disculpe, señor ¿Dónde me está llevando?
Preguntó ella con intriga.
Él conductor no volteó a verla, demoró unos segundos en responder, pero su respuesta no fue del todo clara.
██Has pasado la prueba, jovencita. Ahora te toca ver las verdades que ocultan todos. Bienvenida a tu nueva vida, donde tus recuerdos y mente pueden ser tan valiosos como un completo misterio…
██¿P-perdón? No entendí.
██No debes entenderlo ahora. Cuando llegues, podrás apreciarlo mejor.

Una incertidumbre inquietante invadió cada rincón mental de la joven. Miraba hacia afuera con nervios, luego al conductor, tras ello a su lado donde solo había una mochila con cosas que aún no puede recordar.
El viento que chocaba en la ventana entonaba una inquietante melodía que los oídos pudieron apenas entender a su manera.
Permaneció callada y pensativa mientras veía a la nada.
Intentando recordar.
Intentando pensar en cómo llegó a esto.
¿A dónde iba?
¿Por qué?
¿Quién era el conductor?
¿Quién era ella misma?

Tras el largo viaje, el vehículo inmaculado se detuvo.
La chica abrió la puerta y miró a su alrededor.
En medio del campo verde y dentro del área marcada con paredes de hermosos grabados y plantas, se alzaba con solemnidad un edificio de forma extraña. Pues, era una especie de pirámide de metal no muy alta, la cual su punta en la cima se conformaba por cristal y luces.
En eso, mientras observaba con intriga cada centímetro de la zona en donde se estacionaban autos y marchaban personas, dos hombres de traje la guiaron a la entrada.
Insegura, pero sin opciones, los siguió mientras continuaba mirando cada poste de luz, cada auto y cada individuo que se cruzaba por su visión.
Sostuvo con fuerza su valija, se ajustó la mochila que llevaba en su espalda y suspiró preparada para cruzar la puerta que ambos hombres le mostraron.

Emergió del par de puertas de cristal y vislumbró un gran salón amplio con varias personas que iban hacia un sector y otros se dirigían a otros pasillos.
La sala, conformada por paredes grises y líneas horizontales verdecidas, era decorada con extensas pinturas y cuadros de hombres de ciencia prodigiosos de sus épocas que, aun en la actualidad, sus conocimientos dieron fruto a grandes innovaciones y cambios en nuestra sociedad.
El suelo era acompañado con alfombras verdes firmes y pulcros de limpieza y orden que junto a las macetas y zonas que demostraban algo de naturaleza hacían el espacio más agradable a la vista.
En el centro, se mantenía con grandeza una cabeza de piedra de alguna civilización antigua. Ella no podía reconocerlo, pero era notorio que su antigüedad la hacía muy valiosa. Pues estaba muy bien cuidada.

Buscando con la mirada hacia donde ir, logró leer un cartel sobre una puerta que decía: "Sala de entrevista para nuevos empleados"
Supuso que allí debía ir. Así que, aún extrañada y algo perdida, tocó la puerta.
██¡Está abierto! —Afirmó una voz masculina tras la puerta de madera.
Al escuchar eso, la joven abrió lentamente su camino hacia esa especie de oficina.
Allí la esperaba un hombre con rostro simpático que la saludó con un brazo y un "¡hola!".
Aun perdida, se sentó delante de él y posó su valija en su regazo.

██Muy bien, según dice tu registro de los laboratorios de nuestra sucursal más cercana de la OMCCEA… ¿Te llamas Azazel Raconblaky?
██¿Aza…? Digo, si. Si, ese es mi nombre. —Afirmó con algo de pena. Pues ese nombre no era muy común.
██Entendido Azazel. Voy a darte un cuestionario para poder evaluarte. Primero, una sola pregunta antes de empezar. —Explicó aquel hombre mientras de abajo del escritorio sacaba dos hojas y las apoyaba cerca de Azazel.
██D-disculpe, señor. Pero honestamente hay cosas que por alguna razón no recuerdo para nada. Pero ¿Qué es la OMCCEA?
██Eso ya no es importante. Pero trabajaste ahí, hasta ahora… Pues pasaste la prueba. —Dice el sujeto haciendo una pequeña pausa. —Quisiera saber lo siguiente: ¿Has tenido, en algún punto de tu vida, experiencias relacionadas a lo paranormal o similares? Ya sea ver fantasmas, objetos voladores no identificados, Sascuach, etc.
██Eeh. Bueno, hubo algunos momentos en los que dudé si cosas como esas eran o no reales. Ya que, si, experimenté cosas como esas. Si.
██¿Y tu crees que son reales?

██B-bueno… Siempre está la posibilidad. Si, creo que sí.
██¡Muy bien! Eso nos sirve. Ahora, te entregaré estos papeles y deberás llenarlos fuera de la oficina. Sé totalmente honesta y, aquello que no sepas responder, solo tachalo ¿entendido? —Explicó el hombre entregándole los papeles con cuestionarios. Azazel asintió y rápidamente salió del lugar.
Azazel realmente no sabía del todo que pasaba. Pero aún con sus intrigas e inseguridades, se dejó llevar y comenzó a leer sentada en una de las sillas de espera…

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