A inicios de este año, abrieron una tienda de antigüedades cerca de mi hogar.
Sonaba interesante.
Quizás podría encontrar algo interesante allí.
Cuando llegué, noté que el lugar estaba repleto de artefactos y artilugios antiguos. Había muchas cosas interesantes dentro.
Pero una cosa de todas las que había en la tienda me llamó: Una bella muñeca de porcelana. Era hermosa. Su piel blanca como la nieve, con mejillas sonrojadas y un par de grandes y bellos ojos azules lleno de vida. Cabellos dorados y rizados, adornados con un lindo listón. Llevaba un vestido blanco y estampado con puntos rosas, tenía unas lindas calcetas largas y zapatitos azules.
Era bellísima. No me pude resistir y le eché un ojo más de cerca. La etiqueta no decía nada. Simplemente, el año de fabricación que databa en 1953 y el precio: $19.99.
Era tan adorable que sin pensarlo la compré.
Me llevé a casa en brazos, feliz de obtener una reliquia tan hermosa.
Cuando llegué a mi casa, la puse en la estantería de la sala para que la adornada con su presencia. Luego de eso, me fui a mi habitación un rato.
Todo fue tranquilo esa tarde, en silencio absoluto en el hogar. De pronto, escuché como la puerta de la entrada se abrió y seguido escuché un par de voces; eran mi mamá y abuela que volvieron del parque.
Baje a saludarlas emoción, quería mostrarles la muñeca. Mientras bajaba las escaleras escuché a mi madre gritar desde la sala de estar. Mi paso se apresuró hasta la sala y cuando entré vi a mi madre y mi abuela mirando horrorizadas a aquella bella muñeca.
Mamá, ¿Qué paso? ¿Por qué gritas? ¿Están bien? — Pregunté algo confundida y con miedo.
Mi madre, en un tono de terror mientras tartamudeaba, retrocedió y dijo: ¿Cómo llegó esa cosa aquí?… C…Creí que nos habíamos desechado de ella hace años.
Estaba a punto de hablar hasta que la voz de una niña resonó en toda la habitación, murmurando en un tono alegré y juguetón: Oh, dulce Agatha, ¿Cómo vas a decir eso de tu mejor amiga? Volví para jugar contigo de nuevo, como cuando eras niña. Tu madre e hija pueden unirse a nuestro juego.
Rápidamente, un sonido repugnante lleno la habitación, era como un sonido húmedo de carne y hueso separándose. Estos ruidos tétricos venían de un solo lugar, la muñeca.
Desde donde estaba pude verlo, los tiernos labios de la muñeca se estaban quebrando y desmoronando, liberando un viscoso líquido negro que apestaba a muerte.
Una risa emergió de lo más profundo de la muñeca, y unos brazos carnosos hechos de músculo expuesto y cubiertos de aquel líquido emergen del agujero que se seguía formando en el rostro de la muñeca.
Trate de reaccionar, pero esos brazos se abalanzaron con a una velocidad antinatural hacia nosotras tres, agarrándonos la cabeza entre sus garras.
Enseguida escuché el crujir ahogado y húmedo de la cabeza de mi abuela, siendo aplastada entre las manos de la muñeca, seguida del sonido de la de mi madre.
Era claro, este es fin. Estoy repasando todo lo ocurrido en mi mente, mientras mi cuerpo se rinde ante la presión puesta en mi cráneo. Todo mientras esa muñeca se ríe alegremente.
Mientras sentía como mi cráneo era aplastado, escuché con mis últimos alientos las palabras de mi nueva muñeca: Gracias por jugar conmigo.
