Dalton 9

[9] ESE YO NO SOY YO

Autor: Lluzyferr NaleanyLluzyferr Naleany
Novela: Registro Dalton
Canon: N/A

Puntuación: 0+x

Una mano pálida escribía un muro de texto en un cuaderno, la foto de aquel platillo volador plateado estaba pegada a la página anterior, así como una flecha dibujada que marcaba a un texto pequeño como nota.
A su alrededor, oscuridad total, iluminada por la lámpara larga y alta de su escritorio.
A su lado, imágenes impresas de una mujer en varios ángulos lejanos, otros más cerca, y uno en un primer plano completo.
Melissa Christine Manson.
Buscar ese nombre por la red era difícil, más que nada, porque podían haber miles de mujeres con ese nombre y apellido, por más sorprendente que sea.
Y cuando intentaba ser más específica, no había datos.
Sarah estaba frustrada anotando pistas y fechas con los que intentaba iluminar su historia.

Se fijó en la foto, en la imagen se podían estudiar algunas cosas.
Primeramente, el OVNI fue captado en el aire desde tierra, es decir, la foto fue tomada en el suelo. En las esquinas se veían las puntas de dos árboles semejantes a pinos, seguido por unas más pequeñas del lado derecho.
También, un poste de luz se hacía notar levemente en un costado. Algo lo hacía distintivo: un cartel de precios de algún mercado independiente.

No había uno cerca de casa, probablemente, esté del otro lado del camino por el bosque, hacia el centro de Dalton.
Definió, a causa de aquellos detalles, que la foto fue tomada en la entrada a la ciudad.
Pero tenía que estar segura, y para ello, decidió salir.
Con su largo saco, una mirada penetrante y protegida por su cuchillo y revólver oculto, mantuvo en su mano la libreta donde estaba la imagen y las observaciones que hizo.

Llegó a la última casa del barrio y observó la oscuridad opacada levemente por las lámparas que iluminaban tenues la calle a la masa de luces y edificios bajos.
Disociada y fría, hurgaba en su memoria.
Podía ver, en algún plano que ya no existe, el auto de su papá. Era difuso, algo deforme. Su relieve cambiaba a cada rato y no podía definir detalles.
El auto siguió hasta su casa, pero tras unos segundos, volvió a arrancar y se fue hacia la carretera.
Esto ya pasó, hace años. Pero se siente tan actual, que desconcertó a la albina.
Datos de los que nunca podría haber sabido, pues ella no estaba en esas fechas.
—¿C-cómo…? —Se cuestionó ella, retrocediendo unos centímetros de su lugar.
—Es bueno recordar… Aunque no sean tus ojos. —Dijo una voz femenina, susurrante y gélida. —Ayuda a descubrir cosas…

Sarah salió de aquel trance temporal. Observando entre la oscuridad, la figura delgada de quien parecía originar la voz.
Una voz demasiado familiar.
—No me gustan los acosadores. Estoy armada, y te recomiendo decirme qué haces aquí…
La figura avanzó a pasos pequeños. No cambiaba de posición.
Inerte, más palabras salieron de su boca.
—Eres una persona… curiosa. Pero tú historia lo es más. Y estoy muy interesada en saber su exquisito final, Sarah.

La albina estaba paralizada, no por miedo, ni debilidad. Sino, por alguna fuerza que desconocía, algo que la hacía pararse a observar cómo todo se detenía y se volvía pálido.
Excepto aquella figura.
—De alguna forma, sabes mi nombre. Increíble. —Afirmó poniendo su mano dentro de su saco, teniendo el revólver listo. —Pero, me gustaría saber más de ti y de cómo sabes mi nombre…
La entidad se rió en voz baja, se movió a la orilla de dónde iniciaba el bosque. Casi llegando a la vereda donde estaba Sarah.
—Aunque no parezca, estuve siempre contigo. Entre las cosas que no tomas en cuenta, entre los recuerdos, los sentimientos y la identidad.
—¿Y porqué estás aquí molestando? —Preguntó Sarah.
—Para terminar lo que empecé hace años…

En eso, comenzó a moverse, de forma tosca, rígida e inhumana pero rápida. Cómo si un ser de más de cuatro extremidades intentará replicar el paso humano, pero fallando.
Con suficiente velocidad, Sarah saca su revólver y dispara a la cabeza. Haciendo que varias partes de su cabeza salgan volando.

La sangre era, de alguna forma, negra y gélida. Estaba revuelta en la vereda junto al cadáver de cabeza deshecha que cayó delante suyo.
La oscuridad no la dejaba definir bien su apariencia.
Aunque, gracias a la tenue luz pudo ver qué un mechón de pelo de la criatura era blanco. No hubiese sido algo relevante, si no fuese porque estaba vestida, y llevaba un saco demasiado parecido al de ella.
Decidió sacar unas dos fotos y alejarse rápidamente.

A pesar de aquel encuentro anómalo y la posibilidad de morir, nada la detendría para completar su objetivo.
Aún escuchaba movimiento en los arbustos y árboles del camino. Así permaneció por un tiempo, así hasta llegar a la esquina donde se dividía la calle Underwood y Rushmore. Allí estaba el poste con aquel cartel.
Analítica y siempre dando una vista al cadáver de la criatura, comenzó a inspeccionar el terreno.
Pasto normal, ninguna perturbación considerable.
Árboles, intactos, ninguna anomalía estructural o artificial.
Aire, como siempre.
Tomó muestras de tierra, agua y pasto. Busco desechos como metales, vidrios, etc.
No obstante, nada relevante ni extraño.
Revisó la foto y se posicionó en el mismo lugar. Intentó replicar la imagen y, teniendo casi ángulo y parámetro, tomó la foto.
—Perfecto… Si. —Se dijo a sí misma, mirando la foto y luego el cielo.
Dió una última mirada al bosque y tomó una foto. Tras eso, volvió a casa casi corriendo.

Cuando el sol lanzó sus rayos a la Tierra y tiñó el cielo de celeste, la figura blanca estaba esperando en la puerta de su casa, revisando la foto y las notas que hizo anoche.
Sin embargo, algo estaba mal.
Algunas cosas no recordaba haberlas escrito. Y no sería algo raro si no fuese porque la letra de aquellas oraciones y textos que su memoria parecía no darles lugar, no era la de Sarah.

El autobús ya llegó, no tenía más que caminar y seguir el día.
Cómo siempre, se sentaba sola, tendiendo su mochila amarronada en el asiento de al lado. No despegaba su atención de los textos desconocidos. Su mente estaba confundida, alterada en silencio.
En un momento en el que miró el camino, entre los árboles y lo desconocido, una figura fue vista por meros segundos.
Sarah vio aquella figura en solo uno o dos segundos, Pero sus ojos y mente mantuvieron su imágen.
Blanco.
Blanco era el color más prominente de la figura. Le seguía el gris y el oscuro de su alrededor.

Sintió escalofríos mirando de nuevo el texto.
Sabía lo que decía y no quiso verlo nuevamente hasta llegar a casa o tener el suficiente tiempo para revisarlo con el grupo.
Finalmente bajó y llegó a la entrada de la escuela. Entre la multitud entrante, por allí iba Samuel, quien estaba más adelante de ella.
Iba a ir con él, pero la multitud no lo permitió, incluso los alejó más.
Se detuvo con los ojos cerrados, presionando sus dientes por molestia. Quizá, siendo una estatua, sería más difícil derribarla. Pero se equivocó al ser empujada por alguien desde atrás y casi caer.
Miró hacia arriba, ya que cayó de rodillas.
Era aquella chica que tanto detesta.
Se levantó, mirando con sumo odio a Penélope, que caminaba junto a su grupo de amigos.

Al final, siendo una de las primeras en llegar, fue la última en entrar.
Al haber atravesado el umbral, dió una última mirada hacia atrás.
Otra vez, esa figura pálida observaba desde la distancia, entre los árboles de un denso bosque que seguía y seguía.
Sacó su teléfono lentamente, fue a la cámara y tomó una foto.
Lastimosamente, el auto rojo de gran velocidad tomó el protagonismo, y al volver a intentar, la figura desapareció.
Decepcionada, Sarah caminó hacia su clase.

Jessica se comportaba como siempre, charlatana con sus amigas, pintándose y revisando Instagram. Sarah, por su parte, escribía en su anotador. Está vez ilustrando la silueta y su entorno.
Fue interrumpida por la voz de quien mandaba en el salón.
—Damas y caballeros. —Inició la profesora Shaun. —Hoy tenemos el placer de tener nuevamente al renombrado y respetado profesor Hammond Murphy. Profesor de secundaria reconocido por haber educado a grandes personas hace décadas. A sus 45 años, vuelve a educar y servir a la comunidad tras un tiempo de retiro temporal. —Explicó la profesora Amanda Shaun con una cálida sonrisa. Se notaba que lo estuvo ensayando el fin de semana pasado.

Sarah no estaba prestando atención. Distraída con sus teorías e hipótesis de aquella figura pálida, la foto y, principalmente, las posibilidades del destino de su madre. Evidentemente y tras todo este tiempo, ella no estaría ya viva.
Pero al menos podría saber qué sucedió con ella y de quién vengarse. No quería ni iba a quedarse con los brazos cruzados.
No obstante, una voz gruesa y conocida la hizo volver a la realidad y actualidad.
—Buenos días, alumnos de esta bella escuela de Dalton. —Enunció el profesor Murphy. —Se que me vieron la semana pasada. Pues este realmente es mi tercer día aquí. Y la primera vez que me presento ante ustedes. Hay caras nuevas… y ciertas caras “familiares”… —Dijo con un tono más reverberante y ominoso, dirigiendo su mirada a Sarah.
Esta se estremeció ante la simple idea de volver a ver su cara cada día.

Aún recordaba con cierta borrosidad ese día cuando lo conoció.
Era querido por todos en la escuela y un excelente maestro para los niños en la primaría que está junto a la secundaria de Dalton.
Ella recuerda, sin embargo, con claridad cuando Hammond la saludo amistosamente cuando jugaba en el parque y su padre se detuvo a hablarle.
Parecía un hombre de bien.

La clase inició con regularidad, aunque Murphy se tomó la molestia de conocer a los alumnos y contar un poco de sí mismo, cosa que a Sarah no le importaba en absoluto, es más, lo detestaba escuchar hablar. Pero no había opción.
Cuando casi se dormía, el timbre sonó estridente y la clase finalizó.
Rápidamente se fue del salón a buscar a Samuel.

Samuel estaba caminando a gran velocidad siguiendo a su grupo de amigos que iban a buscar algo para comer.
Hablaban cosas indistintas y variadas y Samuel lograba integrarse naturalmente, pues aquel grupo ya lo tenía bien incluído hace años.
—¿Vieron a esa chica, Vanessa? Es un bombón. —Afirmó Jack, uno del grupo, al ver a dicha adolescente pasar cerca. Samuel sonrió y, yendo con la corriente, afirmó aquello.
—Hey, Sam ¿Acaso esa chica albina es tu novia o algo? —Pregunto Kyle, otro del grupo, con una sonrisa pícara.
Samuel miró a todos sus alrededores, como si buscará algo… o intentara saber si estaba ausente.
—Por favor, Kyle, solo es mi mejor amiga. Además, soy de los pocos amigos que tiene. Me tiene… aprecio, diría yo. —Afirmó divagando un poco.

Kyle no le creía nada, siempre y desde hace años los veía juntos, compartiendo cosas, caminando en la calle, riendo -Cosa rara de la albina- y hablando todo el tiempo. Así desde el segundo año que llevan conociéndose.
—Puras mentiras, anteojudo. Escupió Kyle con una risa.
Samuel decidió ignorarlo.
—Siempre vemos que te arrastra por todos lados. La otra vez ni te pudiste despedir. Es más nunca salimos. Ya ni después del club de Fútbol americano. —Habló Kyle ya poniéndose más serio. Samuel se quedó callado, pensando cómo proceder. No podía negar esos detalles. Pero tampoco aceptarlos de alguien como él. Pues Kyle no era el chico más responsable o comprometido con algo en su vida.
—A veces es dura y mandona. Pero solo es un periodo. Luego se le pasa.
—Ah ¿Osea que se pone menos rabiosa cuando ya se le pasa la menstruación? —Bromeó Jack desde el fondo.
Eso molestó a Samuel, solo pronunció un “hey!” Débil y poco serio.

Pero en una ojeada que pegó al entorno, Samuel vio la mancha blanca caminando por el pasillo, de un lado a otro, hasta clavar sus grises ojos claros en él.
Sarah no tardó en navegar velozmente hacía Samuel. El grupo de chicos observó la escena con atención burlesca.
—Sammy, tengo varias noticias y una advertencia. Vámonos a un lugar menos aglomerado. —Dijo rápidamente Sarah con prepotencia. Pero Samuel no se dejó mover tan fácil. Se zafó de su agarre rápidamente.
—Oye oye espera. Cálmate Sarah ¿No ves que estoy con mis amigos?
—Esto es más importante.
—¡No! Cálmate un poco.
Sarah se quedó callada unos segundos. Luego agitó su cabeza levemente y lo miró con una expresión molesta.
—¡No me vuelvas a hablar así! —Exclamó ella señalando con amenaza. Pero Samuel se mantuvo firme, teniendo en cuenta que el grupo de chicos estaba de testigos, aguantando decir ciertos comentarios sobre la situación.
—A ver, Sarah. Voy a hablar contigo luego. Quiero tener mi espacio. Y con ellos estoy bien, luego te veo ¿Entendiste?

La albina frunció el ceño y gruñó.
—Pronto hablaremos… —Murmuró caminando por el lado contrario, pensando que hacer y con qué desquitarse.
Samuel se le quedó mirando mientras iba desapareciendo a la distancia, hasta doblar por un pasillo, casi golpeándose con la esquina.
Un nudo en el estómago se le formó cuando sintió el peso de hablarle así y discutir con ella.
Sarah no era alguien con quién quisiera tener una mala relación.
Pero los mayores problemas eran para otro, pues Samuel solo suspiró, intentó aliviar sus pensamientos y volver con sus amigos, con los que siguió charlando, riendo y contando diferentes anécdotas.

Sarah caminó rápido, enfurecida pero también desconsolada y con una sensación de traición que la hacía sentir terrible.
En medio del camino se encontró con Juniper, quien estaba con una chica que había visto muchas veces pero le dió una atención nula. Un espacio de su ruidosa mente hizo lugar para sorprenderse de que esa rara anteojuda este con otro ser humano además de Charlie y los demás del grupo.
Sin titubear, agarró del brazo a Juniper y la arrastró a un lado, despegandola de la otra joven.
—Wayward, tengo que advertirte de algo. Y de paso pedirte algo relacionado a ello.
—Eh? Eh… Bueno, p-pero no era necesario arrastrarme así. —Contestó Juniper recuperando algo de aire tras el susto que se llevó con la aparición de la albina.
—Tengo ciertos… Problemas con el profesor ese negro y…
—¿Profesor negro? ¿Cuál? —Preguntó Wayward interrumpiendo a Pharagon.
—Murphy. El profesor Murphy. Ese tipo me da asco y lo odio. No quiero verte que le dirijas la palabra ni te mantengas cerca de él nunca. —Ordenó Sarah con una mirada penetrante y profunda.

Juniper se le quedó mirando, procesando la información y agitándose un poco para que la albina la suelte. Hizo algunos gestos para pedirle que se aleje un poco, pues estaba muy cerca suyo.
Tragó saliva y volvió a mirarla.
—Eh… E-está bien. Está bien, eso haré. —Respondió con cierta agitación. Volvió con cabeza gacha y brazos juntos en dirección al pecho hacia su acompañante.
La albina observó a ambas y no evitó hablar.
—Debo decir que me sorprende que camines con gente ¿Quién es tu amiga?
—Oh, es Emma White, le gustan mucho las mitologías, los animales, más específicamente los mamíferos acuáticos e insectos así como también le gusta mucho de Minecraft y Garry 's Mod ¡Por ella voy a comprarme esos dos juegos! Yo la invité a jugar conmigo a The forest y también a leer algo de una wiki de una organización secreta que…
—¡Ya! Muy bien, ya entendí, son muy buenas amigas. —La interrumpió la albina para que se callara. Si no lo hacía, iba a estar más de un minuto allí parada. —Un gusto conocerte, Emma White.
—Igualmente. Juniper me habló de ti varias veces. —Respondió Emma con una sonrisa.
—Oh si. Imagino que de cosas muy buenas. —Afirmó con sarcasmo.
—¡Oh pues claro! Dice que eres muy linda y que aunque a veces la asustas, se siente segura contigo.
Detrás, Juniper se ponía algo roja, Sarah se quedó mirando a Emma un rato y luego volvio a la realidad.
—Interesante. Bueno… Bien, te veo luego Juniper. Voy al baño. —Avisó retirándose.
—Oh, ten cuidado allí, cuando fuimos había algo raro paseando por toda la superficie. —Advirtió Juniper alzando la voz. Emma reía un poco.
—Si si, está bien…

Al llegar, la albina fue directo al espejo y se frotó los ojos con agua, al mismo tiempo se lavó toda la cara. Se sentía cansada, agobiada y apenas había comenzado el día.
Se pasó agua por todo el rostro varias veces, mareos, náuseas ¿Todo eso podía causarle ver a ese hombre otra vez? Era imposible. Pero la mente puede ayudar a ello.
Se pasó agua por cuarta vez, se fregó los ojos y, en ese instante, vio algo asomarse por encima de la puerta de uno de los cubículos del baño. Se quedó paralizada unos segundos, lentamente fue asomando su cuchilla mientras de reojo vigilaba aquella puerta.
—¿Te estás divirtiendo? —Preguntó ella al aire.
No hubo respuesta, como era de esperarse.
—Pasé por muchas idioteces de este estilo, usualmente, terminan con uno de nosotros en el suelo. Y siempre me aseguro que yo no sea quien bese el piso…

En eso, va rápidamente a una de las puertas y la patea.
Nada.
Va a otra y repite el movimiento.
Tampoco, vacío.
Se dirige a otra más, esta vez, observando por debajo. Podía distinguir una oscuridad leve, una sombra de algo alli merodeando.
Con su cuchilla en mano, patea y retrocede unos centímetros.
Pero nada.
Enfurecida, pateó otra vez la puerta.
No lo noto al principio, pero un jadeo era notable, un sonido seco, muerto. Algo que no estaba a su misma altura, sino, arriba.
Apretó su cuchillo, cerró los ojos y mientras los abría, observó hacia arriba, distinguiendo una figura larga, casi humana, de cabellos blancos desordenados y ojos enormes, con mirada perturbadoramente oscura y fija. Su boca parecía una fallida máscara de algo inhumano.
Se mantuvo allí, trepado en el techo mientras Sarah retrocedía de a poco.
—Vete al infierno… —Dijo finalmente la albina.
De repente, la cosa saltó del techo hacia el suelo y se escabulló como lagarto hasta abajo de Sarah, levantándose de un empujón y haciendo que, de golpe, cierre la puerta del baño.
La criatura comenzó a abrir su boca, relevando dientes humanos, pero más hileras que se iban revelando mientras más abría su enorme boca, dientes cada vez más deformes y torcidos. Sarah se movilizó como pudo para darle una patada en la cara que la hizo retroceder, se levantó apoyándose en la pared y observó con ira como la aberración que la parodiaba reptaba por cada rincón, como jugando con ella, riéndose de ella y sintiendo tener el control del enfrentamiento.
—¡A ti te volé los sesos ayer, mierda andante! ¡No tengo problema en hacerlo otra vez! —Gritó hacia la bestia. Pero esta sonrió de oreja a oreja, con una longitud inhumana, tan anormal como su número y dirección de sus dientes horrendos mientras bajaba hacia uno de los cubículos.

Sarah corrió dejando su cuchillo dentro del saco y cambiando a su revólver con suma rapidez. Pateó la puerta y disparó. El sonido fue fuerte, el impacto destrozó parte del inodoro pero allí no estaba la criatura. Salió del cubículo y corrió a la puerta de un golpe, intentó abrirla pero cuando estaba por finalmente ver el pasillo, la amenaza impidió que la puerta siguiera abriéndose al golpearla. Se abalanzó contra Sarah, le hizo daños que la hicieron sangrar en el pecho, parte del abdomen y el rostro.
La albina, como pudo, la dirigió hacia los lavamanos y estrelló el cuerpo de la bestia contra el mármol de los lavamanos, haciendo que, en un grito de dolor imposible para algo humano, se suelte y reciba un pisotón en una de sus manos de Sarah.
La mandíbula de la criatura se partió en dos y lanzó una lengua fina y larga hacia el cuello de Sarah, quien, en un movimiento fugaz, cortó aquel órgano fino en un instante impidiendo su camino. Cosa que no evitó que la bestia use lo que le queda de lengua para, de alguna forma, engrosarla y golpear duramente a Sarah con un fuerza tal que logró abrir la puerta de un cubículo en el impacto. Sarah se levantó al instante y, apuntando con el revólver, intentó disparar, pero la criatura saltó hacia el techo y salió del baño hacia el exterior abriendo una ventana.
La chica gruñó furiosa dando un pisotón al suelo. Luego miró el panorama del lugar. Era un desastre, una de las puertas con abolladuras, manchas de sangre por las paredes, otras puerta y hasta el techo, un montón de arañazos y agujeros de bala. Pronto vio como ella misma estaba sangrando con varios daños en el cuerpo y ropa.
—Monstruo de mierda, me viene molestando desde la mañana. Cuando salga de este lugar voy a perseguirla hasta la muerte y va a ver como…
La puerta abriéndose de un golpe la interrumpió.
Sarah escondió el arma como pudo, pero se relajó al ver a Juniper.
Esta corrió hacia ella rápidamente.
—¡Por dios Sarah, qué te pasó! —Preguntó alterada ella.
—Nada… Solo… Bah, eres Juniper por dios. Una criatura que está tomando mi figura me está molestando. Evidentemente quiere matarme y, probablemente, tomar mi lugar. —Explicó mientras acomodaba su saco y se sacudía. —No dejaré que se acerque ni siquiera un poco a lograrlo. Ahora, vámonos antes de que alguien llegue y se pregunte qué pasó.
Mientras se limpiaba con un pañuelo su nariz que sangraba y otras partes del rostro, Juniper le quitaba el polvo de la espalda.
—¿Y… Y sabes desde cuando te esta acosando? —Preguntó Juniper con clara preocupación.
—Desde ayer a la noche bien tarde. Aunque dice que me conoce desde hace años, mucho antes incluso de la desaparición de mi madre. Ya no se a quien culpar. —Contestó molesta tirando el papel a un cesto y fallando.
—Quizá no es nada sobrenatural. Mucha gente desaparece y no son monstruos o criptidos.
—Diría lo mismo si no fuese porque, como viste hasta ahora, todo tipo de locuras suceden en esta pocilga de ciudad. —Respondió la albina tajante.

Y llegando al final del pasillo, Sarah vuelve a ver a Samuel, esta vez con Jessica. La albina seguía molesta con él, no quería ni verlo. Pero su mirada inevitablemente corrió hacia su rostro, viendo con molestia una sonrisa amplia cuando hablaba con aquella “básica” de Jessica. Más que nada cuando creyó escuchar palabras que eran, al menos para Sarah, molestas y traicioneras.
—No puedo creer que prefiera pasar el tiempo con esa… Tarada de Jessica que conmigo. —Se quejó Sarah, mirando de reojo a los dos pasar sin siquiera notarla.
—Pero Samuel es alguien reconocido en la escuela. Pasa mucho tiempo con más gente.
Sarah no dijo nada, pero gruñó.

No tardó mucho en lo que Juniper volvió a hablar, inevitablemente a contar con detalle uno de sus sueños. un sueño raro donde estaba dentro de una nave espacial con sonidos extraños, sonidos que sonaban como patos fuera de este mundo.
Sin embargo, la narración se interrumpió cuando la voz de Samuel volvió.
—¡Hola! Te estuve buscando. —dijo el chico hacia Sarah, quien lo miró con una expresión más molesta que de costumbre. —Tuve que hacer algunas cosas y no llegué a verte.
—Uy sí, no me viste. —Repitió con sarcasmo. —Seguro no me viste cuando literalmente me abandonaste frente a tu grupito de amigos de mierda y esa rubia hueca.
Continuó protestando Sarah, acercándose más a Samuel quien se encontraba confundido. Pero la albina no terminó.
—¡Es más, no me hables en todo el día. Voy a darte el tiempo que tanto te gusta con tus amiguitos mientras yo dejo que un monstruo me coma el culo! ¡Adiós cuatro ojos!

Juniper y Samuel estaban estupefactos. Quedándose quietos unos segundos, ambos se miraron entre sí.
—¿Qué le pasó? ¡Recién llegué! —Cuestionó Samuel confundido e impactado.
—Bueno, pasaste de ella hace poco, y eso se ve que la molestó mucho.
—¿Eh? Eso no es cierto, estuve practicando música con Jessica, luego ella se fue del salón sin mi. Yo me quedé más tiempo repasando algunas notas con la guitarra.
Juniper se quedó pensando un rato, movió sus dedos de formas extrañas y se aclaró la garganta.
—Bueno, también seguro está enojada porque en el baño la atacó una cosa que la copiaba y quería matarla. —Volvió a explicar ella, comenzando a caminar.
Samuel estaba intentando entender todo, no sobre la criatura que supuestamente la atacó en el baño, sino su supuesto encuentro anterior. Muchas preguntas se iban acumulando.

A pocos metros entre los casilleros, Charlie estaba revisando unas hojas que no tenían nada que ver con la escuela, pero que tenía pendientes de revisar hace días. Por suerte, encontró a sus dos amigos juntos y decidió inundarlos de una información que solo él estuvo investigando por separado.
—¡Hola! Tengo cosas que contar. Estuve investigando un poco sobre la pirámide que habíamos encontrado en esa casa hace tiempo, el libro que me heredaron tiene un poco de información sobre ello, y creo que sería bueno que lo sepan, porque debo recordarles la poca confianza que me transmite la muñeca de Sarah.
—Hace meses no nos hablaste de eso ¿Qué pasó? —Preguntó Samuel al ver sus hojas con signos raros y texto, mucho texto.

Juniper tomó varias de esas hojas y vio triángulos, círculos con ojos y lo que parecía el gráfico de un sistema solar con sus planetas decorados con flechas, texto y signos característicos. Los ojos de la joven se iluminaron acompañados de una amplia sonrisa.
—¿¡E-esto es un sistema solar desconocido!? —preguntó ella con notable emoción.
Charlie rió un poco y tomó los papeles.
—Si, es el sistema solar que se manifestó en mi mente cuando leí mas de la leyenda de “La pirámide de los primordiales” y entendí varias cosas, una de ellas no tanto, y al parecer es la más importante.
—¿Pero qué estás investigando? —Preguntó Samuel intrigado. Aunque la mención de una pirámide lo puso en alerta, pues aún recuerda aquella extraña y pequeña pirámide de aquella noche en la casa abandonada de esa mujer fantasma.
—Aprovechando que no está Sarah, o al menos no la vi, estoy investigando sobre la naturaleza de la pirámide que de repente desapareció cuando apareció la muñeca de Sarah. —explicó escuetamente, luego mostró en una libreta una pequeña ilustración: Tres brazos con seis dedos sosteniendo una esfera desde abajo, dentro de la esfera estaba una pirámide con un signo en el centro.
—¿Shikavu? Pero ella es nuestra aliada. O eso dice Sarah. —Afirma Juniper confundida. Siempre ve a esa muñeca flotando junto a Sarah o en su mochila.
Charlie rie en lo bajo y revuelve páginas intentando recordar algo, algo profundo, algo que dejó sellado hace tiempo, hasta que resurgió.
—Antes de enfrentarnos a la mujer de la esquina, o que siquiera encontrará la pirámide, tuve un sueño extraño, sobre una extraña cosa “divina” qué me habló. no recuerdo bien sobre qué. Pero necesitaba de mi cultura, arte, y de mí mismo. Estoy seguro que esa cosa tiene que ver con esa muñeca. Pero no se porque quiere mi información… Probablemente deba seguir trabajando solo. Al menos hasta que Sarah note lo trastornada que es esa muñeca.

Juniper tragó toda la información como una muerta de hambre. Ella no vio mucho a Shikavu, pues no se mostraba del todo, pero no la vio como alguien siniestra del todo. Pero ese “del todo” le daba paso a generar una duda ínfima que podría validar las observaciones de Charlie.
El timbre de salida de clases sonó luego de unas horas. El gran grupo de gente salió como siempre y entre ellos, el único cabello blanco como nieve se desplazaba con rapidez y paranoia. Sospechaba que aquella “no-Sarah” la podría estar siguiendo aún y vendría por un tercer round.
A lo lejos, del otro lado, vio a Charlie caminando hacia el bosque, intentando llamar la atención de la albina para acompañarlo. La albina arqueó una ceja y miró para varios lados.

Al llegar con él, aquel joven de dudoso género siguió su camino.
—¿Y se puede saber para qué me llamas?
—Estoy investigando algo, algo que puedo encontrar por todo este terreno natural.
Charlie no dijo más. Pero Sarah, mientras observaba y notaba como lentamente iba adentrándose más a la densidad natural, aceleró el paso.
—Ajá pero justamente que estás investigando, no me gusta que me escondas cosas.
Charlie, tras caminar por unos segundo más, se detuvo y lentamente volteó hacia ella.
El aire se volvió pesado, las aves callaron y sólo el viento escaso acompañaba el sonido de un silencio imposible.
Charlie sacó de uno de sus bolsillos una piedra de punta filosa. Brillaba levemente, mostrando un color blanquecino.
—Encontré esto hace poco, cerca de tu casa. Supuse que venía del bosque por esta zona ya que vi algo parecido antes.
—¿Y de qué sirve eso?
—No se, quizá te ayude con tu búsqueda sobre el ovni y tu madre.

Sarah estaba por acercarse más a la piedra, pero aquellas frases la detuvieron en seco.
Sus ojos miraron alrededor con suma rapidez, luego a Charlie y por último a la salida ya lejana del bosque.
—¿Quién te dijo que estoy con eso? ¿Cómo sabes eso?
Charlie no respondió de inmediato. Pero al final sí, pero no con palabras.

Gradualmente, un extraño sonido emanaba de algun lugar cercano, un sonido leve pero que poco a poco aumentaba su volumen, como si fuese un insecto, una chicharra que seonaba directo de Charlie.
—Sarah.
De repente, su boca se abrió de forma antinatural, revelando cinco brazos finos que crecian desde su garganta mientras sus brazos se partian en dos y ganaban autonomía.
La albina abrió los ojos con terror, más que nada por su cercanía con aquello que intentaba hacerla suya.
Se alejó hacia atrás sin mirar del todo, logrando que caiga por una rama en laque se enganchó.

La figura de Charlie seguía deformandose, partiendo ahora su cabeza en dos y liberando más tentáculos, su pecho se abrió con dientes y de sus piernas nacieron horrendos tentáculos. El sonido de carne, sangre, huesos y tejido destrozandose cubrió todo el panorama sonoro sin dejar ningún lugar para otro sonido, hasta que todo fue remplazado con un rugido inhumano, horrible y tan fuerte que reverberó por cada árbol cercano.
Rápidamente la albina se levantó y sacó su revólver, disparó dos veces, una bala falló y otra dio en el pecho de la criatura, pero nada hizo.
Se echó a correr en el acto, intentando pensar no solo en como perder a la criatura, sino entender que estaba pasando, si ese era charlie ya muerto o qué más podría ser.
Desde los mismos árboles podía escuchar gruñidos, vocalizaciones y sonidos antinaturales, de seres que nunca pisaron estas tierras, o al menos que ella nunca supo de su existencia.
No tuvo idea de cuánto corrió, ni en tiempo ni distancia, pero si supo que llegó a su barrio cuando pisó el pavimento.
Observó hacia dentro del bosque, los pájaros volvieron a sonar y la vida parecia florecer nuevamente.
Corrió a su casa y entró con rapidez.
Sin embargo, apenas entró, recibió una embestida brutal de aquella horrenda criatura que la parodiaba allí en el baño.
No se hizo para atrás ni esperó, en el momento del contacto la falsa Sarah le propinó un golpe que la hizo caer sobre el sofá frente al televisor. Sarah se levantó sacando su revólver y disparó a la cabeza. Sangre brotaba con intensidad de la herida, su ojo derecho voló por los aires y sus aullidos resonaron por todo el comedor. Sin esperar, corrió a la cocina e impidió el paso de la falsa albina golpeándola con la mesa. Logrando rodear a la bestia, corrió al patio y entró en aquella casucha que poco uso tiene pero donde se guardan cosas valiosas.
Allí estaba el rifle de su abuelo, el cual tomó nuevamente y cargó con los cartuchos que se apoyaban en una repisa polvorienta.
Ya cargada, abrió la puerta de una patada y, apenas llegando la falsa Sarah, la verdadera le propinó un disparo de lleno en la cabeza, haciendo que caiga, se contorsione de agonía y sufra de espasmos en el suelo, dándole tiempo a Sarah de alejarse.
Corrió al pasillo cuadrado que da a ambas habitaciones, la de su padre y ella, y observó la ventana amplia que allí adornaba.

Con rapidez tomó su teléfono y llamó a Samuel.
—¡Samuel, necesito ayuda, Charlie se convirtió en un monstruo y una copia de mi quiere matarme!
—¿¡Que mierda, Sarah!? ¡Apenas llegué de clases!
—¡¡No me importa, pedazo de mierda, voy a morir si no tengo apoyo!!
En eso, la llamada se corta. Sarah nota desde la ventana como aquel Charlie amorfo, con movimientos erráticos, toscos y antinaturales, corre hacia su casa.
La albina no tardó en cargar el rifle, abrir la ventana y disparar a Charlie, cayendo al suelo en el acto, pero no muriendo.
Cuando Sarah volvió a mirar por la ventana, Charlie ya no estaba, había dejado una rastro de sangre que iba en dirección al bosque.
La albina guardó su teléfono, se acomodó el rifle y corrió a la puerta trasera para trabarla, trabó las ventanas que pudo y se mantuvo alerta.

lejos, Juniper estaba en el patio de su casa, observando una abeja posándose cerca de una flor.
—Esta flor es muy bonita, y esa abeja lo sabe muy bien. Y creo que este patio merece más flores ¿Crees, Sarah? Además, ayer vi caracoles en la pared, una vez los apile y duraron bastante como una torre.
Sarah estaba prácticamente tiesa detrás de ella, No hablaba mucho. Salvo algunas palabras positivas.
En eso, Sarah se acercó a ella y con una sonrisa preguntó.
—Oye Juniper ¿Puedo quedarme a dormir en tu casa? Puedo dormir en el sillón.
Juniper lo pensó y tras unos segundos, sonrió diciendo que sí.

Y en la noche, Juniper se estaba preparando para dormir, aseguró su puerta por privacidad y tal como de costumbre, se desvistió y dejó su ropa en perchas, apagó la luz y cerró los ojos.
Abrió los ojos de golpe, no por el ruido realmente, pues es algo usual en su casa llena de gente.
Era la sensación de algo que no cuadraba. Se levanta confundida y toma su teléfono tras escuchar cómo vibraba en la mesa.
El mensaje era de Sarah. Comprensible suponiendo que trabó su puerta.
Sin embargo, el mensaje la dejó helada.

“Juniper, no dejes entrar a nadie a tu casa. Si me ves allí, preguntame la palabra clave: Nieve”

Juniper se levantó de un salto, se vistió, tomó una raqueta que tenía guardada bajo su cama y desbloqueó la puerta.
El pasillo era oscuro, ni una luz encendida. Miró a las escaleras, nada.
Pero escuchaba pisadas, en algún lugar, cerca, lejos. Su familia no hace eso, no a las 4 de la mañana al menos.
Lentamente, intentando no respirar muy fuerte y mirando hacia cada esquina. Se movilizó hacia las puertas de las otras tres habitaciones.
La habitación del hermano más pequeño, Johnny, estaba intacta, la puerta entreabierta por si el pequeño lloraba, no parecía haber sido movida.
Johnny seguía en su cuna.
Fue a la habitación de sus tres hermanos, Justin, George y Howard. Todo intacto.
Se dirigió a la de sus padres, Tedd y Allison. También, todo intacto, nada extraño.
Y aún así, sentía que algo andaba terriblemente mal.

Finalmente, se dirigió hacia abajo, lentamente, intentando no pisar tan fuerte. Todo estaba apagado a excepción del televisor.
Allí, estaba Sarah sentada en el sillo, quieta como estatua.
Juniper tragó saliva.
—Eh… S-Sarah… ¿Tu mandaste ese mensaje? —Preguntó apenas en la base de la escalera, con la raqueta en manos temblorosas y sudor recorriendo su frente.

De repente, Sarah se levantó y volteó hacia Juniper, quien tragando saliva y aclarándose la garganta, preguntó con rapidez.
—Ehh. Dime la palabra clave ¿Cuál es la palabra clave? —Escupió Juniper, aterrada.
Pero Sarah no respondió en el momento.
Solamente, se movió. Se movió hacia ella, lentamente, mostraba una sonrisa que se iba agrandando en cada paso, ojos poco visibles, pero de lo poco que se veía, era una muerte silenciosa.
La chicharra, aquel sonido que provenía de algún lado, o de la misma Sarah, se intensificó así como su brazo apuntaba hacia la joven Juniper.
Finalmente, la cabeza se abrió al medio, revelando una amalgama de tentáculos y dientes.
Instantáneamente, Juniper lanzó la raqueta hacia la cara de la monstruosa Sarah, mordiendo el objeto y partiéndolo.
Juniper corrió con rapidez hacia la puerta de salida y escapó de casa hacia algún lugar, intentando perder a la criatura.
Pero se detuvo en seco, pensando en su familia y como ahora estaban atrapados con esa cosa. Por suerte no había avanzado tanto. Agarró una rama gruesa, se hiperventiló como pudo y corrió hacia la casa para enfrentar a aquella cosa que no era Sarah. Sin embargo, la criatura saltó hacia la puerta y la tiró al pavimento.
Juniper golpeó a la falsa Sarah con la rama y comenzó a correr intentando llegar a la casa de la albina que no estaba muy lejana. En eso, entre los techos, ve otra figura humanoide corriendo entre los tejados. La figura salta a otros tejados más lejanos.

Juniper no para de correr hasta llegar a ver la casa de la albina, las luces apagadas y todo cerrado, pero tiene la esperanza de que aún está viva.
Corrió y llego estrellándose con la pared de la casa, golpeó con fuerza la puerta varias veces con desespero, pues la falsa Sarah no tardaría mucho en llegar.

La albina estaba en el baño dormida, abrazando el rifle entre sus brazos, hasta que escuchó por segunda vez los golpes en la puerta. Se para rápidamente, abre la puerta del baño y apunta con el arma abriendo la puerta principal de una patada.
No baja el arma.
—¿¡Cómo puedo saber que eres realmente tú!? —Gritó Sarah sin bajar el rifle, haciendo que Juniper, temblando y con sumo terror, levantara las manos.
—¡¡Nieve, nieve, vamos déjame entrar que atrás viene el clon tuyo!!
Sarah bajó el arma y la entró de un tirón, cerrando la puerta con llave.

Juniper respiró pesada, sumamente cansada y en pánico. Se frotó las manos y cerró los ojos.
—¡Nos están reemplazando! —Exclamó Juniper aterrada. Sarah miraba por la ventana, vio en el medio de la calle la figura vagamente humana que los acosaba. Otra en el techo de la casa de enfrente y una tercera acercándose más.
—Estamos rodeadas. Trabé y bloqueé todas las puertas y ventanas, no podrán entrar.
—Tengo que avisarle a los chicos, seguro van a ir contra ellos ¡Pero no tengo mi teléfono!
—Relájate. —Dijo Sarah poniéndose de rodillas al nivel de sus ojos y colocando sus manos en los hombros.
—Vas a estar bien. Vamos a estar bien, llamalos mientras yo veo como cornos la muñeca estúpida de Shikavu hace algo útil.
Juniper comenzó a cerrar las cortinas de las ventanas, Sarah le entregó su teléfono a Juniper y la guió a su habitación para resguardarse. Allí Sarah cerró la puerta con llave.

Mientras Juniper llamaba intermitente a los dos chicos, Sarah estaba buscando a Shikavu.
Sin embargo, alguien intentaba entrar en la habitación. La manija subía y bajaba varias veces. Algunas más fuertes y rápidas que otras.
Nadie atendía aún, y Juniper miraba fijo la puerta desde la cama, que estaba a un lado de esta.
Corrió hacia ella y aseguró la cadena pequeña que evitaría que se abriera aunque lograrán burlar la perilla.
Lo que sea que estuviese allí, seguía forcejeando e intentando entrar.
—Sarah… Por favor… —Susurró Juniper temblando.

Una voz extraña pero conocida surgía detrás de la puerta.
—Juniper… abre… abre Juniper…

Apretando los dientes, agarró lo que sé que encuentre bajo la cama de la albina y se paró hasta el otro extremo de la habitación.
En sus manos tenía un palo de metal con una protuberancia filosa en el extremo.
—Juniper, no dejes entrar a nadie a tu casa. —Formuló la voz, la voz de Sarah.
Pero Juniper no se movió.
Gradualmente, el silencio era tal que solo se escuchaban los latidos en pánico de la joven.
Se acomodó los lentes redondos un poco y tomó aire. Se recostó en la cama.
No sabía qué hacer.
No sabía si “eso” estaba allí aún.
No sabía si Sarah estaba allí.

Durante un tiempo, escuchaba un “Juniper” desde el otro lado de la puerta.
Otras veces, golpeteos en la misma.
Y ocasionalmente, escasas veces, el forcejeo de quién quiere entrar con desespero.
Pero Juniper aún no se movía. No iba a hacerlo por nada.
—¡Puta madre, abre la puerta! —Resonó desde la puerta seguido de unos golpes.
—Nieve…

Rápidamente, Juniper se levantó, destrabó la puerta e intentó abrirla. Pero tenía llave.
Concentrada y en euforia por volver con Sarah y su seguridad, logró romper la traba de la puerta y abrirla de un tirón.
—¡Sarah, por fin! Dime dónde están los chicos!
En eso, Sarah la toma del brazo y la jala hacia el comedor sin mirarla.
Juniper, quien es más alta, logra tirar más fuerte y detenerla por unos segundos. Pero el tirón de Sarah es mucho más fuerte. En un último intento, Juniper tira tanto que cae. Pero Sarah no.
Juniper, con un leve dolor en la pelvis por la caída sentada, abre los ojos y ve el brazo de Sarah aún agarrándola, Pero ese brazo estaba separado de su cuerpo. Un cuerpo que aún, sin mirarla, estaba parado.
Con horror, un horror inigualable y poderoso, observa como del extremo arrancado del brazo de la albina crecen patas finas y negras así como el brazo en sí se deforma generando más patas, picos y unos dientes.
Instantáneamente Juniper grita y se sacude, logrando lanzar aquella cosa contra una pared.

La No-Sarah se voltea, revelando un rostro deforme de grandes ojos vacíos inyectados en sangre, una boca partida al medio y dientes desordenados y deformes que pulsaban en cada aliento y rugido asqueroso de la criatura de paso pesado con dirección a Juniper.
—¡¡No, alejate, alejate!! —Gritó ella aterrorizada, levantándose de un tirón y corriendo hacia el fondo de la sala pequeña que daba a las puertas de ambas habitaciones.
Se acorraló en la pared donde se encontraba un ventanal que daba a un lado de la casa hacia la casa vecina.
La falsa Sarah seguía acercándose mientras su brazo de extrañas patas recorría las paredes con amenazante velocidad.
Cuando estaba a pocos metros de Juniper, pasando por la puerta de la habitación de Karl, Sarah abre la puerta de una patada y le brinda un hachazo a la falsa Sarah, haciendo que la atención se dirigiese a la albina.
Aún con el hacha anclada en el cráneo de la monstruosidad, Sarah la empuja hacia el comedor, donde retira forzosamente el hacha.
Sarah se aleja al ver a la cosa aun tirada y con dificultades para moverse, pues a pesar de todo lo ocurrido anteriormente, tenía dificultades para recobrar “conciencia”.
La albina corrió hacia Juniper, quien la miró con terror y desconfianza, sostenía una adorno largo como defensa.
—¡Alejate Sarah! ¡Ni siquiera sé si realmente eres ella!
—¡Por el amor de los santos Juniper, ahí tirada está la cosa que me copia, yo soy la verdadera!

Mientras ambas discutían, dos figuras observaron la casa desde afuera.
—Mi tía me habló ayer de ellos… Despertaron hace años, y ahora deciden actuar. ¡No perdamos tiempo!
Uno de ellos, armado con un bate con clavos, corrió hacia un costado de la casa, dirigiéndose hacia el patio trasero.
Mientras tanto, el segundo, armado con una hoz caminó hacia la puerta principal, murmuró unas palabras inentendibles, agitó una botella con un líquido celestino y dio una fuerte patada a la puerta entrando rápidamente.
La falsa Sarah estaba retorciéndose hacia Sarah y Juniper quienes discuten la veracidad de ambas, pues ya hasta Sarah dudaba de Juniper al punto de apretar su cuchilla contra su cuello.

Cuando la falsa Sarah estaba a punto de lanzarse hacia ambas, con boca abierta desfigurada, ojos saltones y desalineados, y brazos partidos en más brazos, la hoz se enterró en el cráneo, haciéndola retroceder a los pies de quien blandía el arma.
La sangre se lanzó hacia las chicas, quienes miraron al recién llegado.
—Ya dejen de pelear, las dos son lindas. —Afirmó Charlie con media sonrisa. Tras eso, inmediatamente abrió la botella y roció el líquido al rostro deforme de la criatura, quien chilló mientras sus piel y carne reaccionaba tal como un limón en una herida abierta.
Para callarla, aplastó su cabeza de un pisotón.
Juniper sonrió aliviada, Sarah no podía dudar de él, la violencia dada hacia el intruso era prueba de su veracidad como humano.
—Maldita sea Charlie, hasta que apareces ¿Donde estuviste todo este tiempo? —Protestó Sarah acercándose rápidamente hacia aquel de andrógina apariencia.
—Mi abuela YahYah sintió la creciente presencia de estas criaturas. Estos… Llamémosles “Doppelgangers” y evidentemente, uno de ellos está obsesionado contigo. Este líquido está bendecido por mi diosa, les quema. Si esto se rocía en su corazón, morirán definitivamente.
Mientras Juniper se acercaba lentamente, Charlie siente que algo falta.
Sarah carga el rifle y vuelve a mirar a Charlie.
—Perfecto, pero primero debemos saber a dónde fue…

Afuera, Samuel no quería hacerlo notar mucho, pero estaba temblando, alumbrando con una linterna el patio de la casa de su paranoica amiga. Desde el techo de la casucha trasera, se escucha un gruñido agudo y las chicharras. Samuel voltea y ve a una Sarah deforme con las extremidades como arañas y ojos blancos gigantes con boca vertical y llena de dientes.
Se lanza hacia Samuel, pero este le propina una batazo que la desvía a un costado, dándole a tiempo al chico de entrar a casa.

Allí encuentra a Charlie que estaba frente a las otras dos chicas detrás del sofá.
—Perfecto. Ya llegó el idiota.
—Sarah por favor deja eso, ni siquiera yo dije eso. Fueron esas cosas. Tomaron mi apariencia en ese momento seguro. Deja de creer en sus tru… — No logró terminar, puesto que unos brazos largos e inhumanos lo tomaron del cuello desde la puerta e intentó llevárselo. Pero Sarah corrió hacia él y apuntó a la puerta, cerca de la cabeza del chico.
Allí disparó y los brazos soltaron a Samuel, quien intentó recuperar aire.
Sarah lo levantó de un tirón y lo reunió con los demás. Ahora la puerta tenía dos grandes agujeros.

Con los cuatro juntos, se prepararon para el siguiente asalto.
Charlie con su hoz y líquido anti Doppelgangers, Sarah con su rifle, Samuel con su bate y Juniper con aquel alargado adorno como arma improvisada.
Se escuchaban sonidos por todos lados, pisadas, gruñidos, carne moviéndose y cambiando, huesos reconfigurando y chicharras.

La criatura comenzó su serie de ataques. Emergiendo de ventanas, yendo por la izquierda, logrando solamente recibir un abrazo de Samuel, moviéndose como lagartija por las paredes, saltando hacia Sarah, recibiendo un culatazo en la cabeza y un disparo en uno de los brazos cerca del hombro.
Luego fue hacia Charlie, intentando arrebatarle aquella botella mortal, Pero un ataque con su hoz la dejó sin mandíbula inferior, se retiró chorreando sangre a borbotones, pero sin afectar su funcionamiento.
Frustrada, observó a Juniper mientras se resguardaba detrás de la mesada. Saltó en la mesada y saltó hacia ella.
Wayward, en un terror primitivo y mientras los demás intentan llegar a detener a la criatura antes de que llegue a ella, le logró clavar como lanza aquel adorno largo en el rostro del monstruo, atravesando desde el ojo derecho hasta la nuca.

La inserción de aquel objeto generó un intenso ruido en la mente de la criatura. Lo que la hizo retroceder y darse la vuelta.
Se mantuvo quieta unos segundos hasta dar media vuelta y deformar su rostro aún más, agrandando lo que quedaba de su boca y alargando sus brazos.
Pero Charlie se apuró y vertió una gran cantidad de aquel líquido en la cara descubierta de la falsa Sarah, quien, ya adolorida, chilló, gritó y se sacudió escalando hacia la ventana de la cocina y saltando la cerca que daba al bosque.

El grupo finalmente respiró. Junior se dejó caer en el sillón junto a Samuel y Charlie.
Pero Sarah se acercó a la ventana rota de la cocina.
Entre la oscuridad, pudo ver aún el rostro pálido, tal como un espejo siniestro. Una proyección de algo que ella temía desde que comenzó su trabajo de cazadora.

La bestia sonreía quitándose aquella vara negra de la cabeza y dejándola caer a un lado.
—No te tengo miedo. —Habló Sarah, ignorando si aquello la escuchaba o no.

—Ya lo tendrás… —Respondió aquella en la oscuridad hasta desaparecer escalando hacia arriba por las ramas, perdiéndose en la oscuridad de la noche y la naturaleza.

Nadie decidió irse de la casa. Decidieron dejar que el sol salga y sane los dolores.
Mañana será otro día…

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