No tardaron mucho en aparecer los primeros reportes de aquellos, anteriormente desaparecidos, siendo encontrados en las cercanías de sus hogares o incluso en el interior de sus casas. Fue una serie de noticias alegres y milagrosas para aquellos que tuvieron la fortuna de volver a sus vidas y sus seres queridos.
Contrario era, evidentemente, para quienes cayeron en las frías y siniestras manos de esos seres altos de otros mundos para finalidades más allá de nuestra comprensión.
Claro que esto era incomprensible para el ciudadano promedio, mayores entidades tenían ya noción de los movimientos de estos individuos, un organismo tan lejano y cercano en la vida de muchos en Dalton y el mundo.
Dos individuos de aquel organismo anónimo estaban observando el lago donde se notaba, si se miraba fijamente y con suma atención al fondo negro, la estructura corroida, hundida y muerta del platillo del día anterior.
██—Comunícale al departamento de investigación urbana que solamente retiren el vehículo Caricanto, La población no sospechará.
██—¿Y qué pasará con los testigos y sus testimonios? —Preguntó su compañero mientras marcaba el teléfono.
La mujer en traje subió su mirada a Dalton y volvió a su compañero de trabajo.
██—Los tratarán de víctimas de drogadicción, histeria colectiva o semejantes.
██—¿Y qué hay de… “ella”? —Preguntó el hombre sosteniendo su teléfono y enseñándole un retrato a la mujer.
██—¿Ella? No pasa nada. Nadie la considera. Está todo en orden. Solo recuerda notificarlo al doctor.
Se metieron a un auto y se dirigieron al bosque, donde allí desaparecieron.
Lunes, la frescura azotó nuevamente cubriendo todo Dalton.
Los chicos, aún medio dormidos y mareados, ya estaban preparados para volver a la escuela tras los eventos anteriores.
Charlie bajó del autobús junto a su hermano.
Theodoric, el menor, se despidió con una pequeña burla hacia el optimista Charlie dirigiéndose a su salón.
En el pasillo, una chica de pelo largo, negro y postura erguida observaba al chico desde atrás con ojos fijos en él.
Ya hacía tiempo que lo tenía en la mira, pero nunca se atrevió a avanzar, quizá por el bien de Theodoric.
Pero hoy sería diferente, se dedicaría a estudiarlo a fondo, descubrir más de él y cómo acercarse. Todo, comenzando con sus pasos tímidos que finalizaban en su pupitre pintarrajeado, ubicado en una esquina al fondo, donde yacía su aura extraña y sombría.
Sus ojos colorados, emanando una energía cálida e incómoda, registraba su entorno tan cotidiano, cada letra de la pizarra la iba leyendo en su mente, a veces invadida por gimoteos y voces que clamaban el abandono de su rutina. Su vestir, conformado de oscuras prendas largas, como un saco con capucha negra, su pantalón de jean desgastado y sus zapatos hacían un juego oscuro en su totalidad.
Su blanca pero magullada piel no mejoraba la presentación que mantenía con un cabello desordenado y oscuro. Lo largo de su peinado la hacía más tenebrosa.
Ayudada por sus flacuchos dedos que portaban las largas uñas negras tan características de ella, Mikaela Whateley anotó cada cosa que su distraída mente captaba en la pizarra.
Cada tanto daba un rápido vistazo a Theodoric, quien tuvo el infortunio de pertenecer a su misma clase.
Theodoric, más conocido que su hermano, hermana o lo que sea, aunque irónicamente no posea un look gótico marcado o un maquillaje en el rostro como aquel antes mencionado, gozaba de una reputación tranquila, a veces aprovechando como su “inadaptado” pariente, quien era víctima de aquel grupo típico de matones de secundaria juvenil, padecía de un comportamiento complaciente y empático hacía él a pesar de su relación que Theodoric usaba para abusar de su hospitalidad y gentileza.
Chicas no eran algo que este buscara en sí, pero su sentimiento romántico había dado señales de activarse hace tiempo. Tanto así que con éxito consiguió una novia, según él.
Parloteaban cuanto podían o el profesor los callaba, y eso, evidentemente, molestaba a la desequilibrada Mikaela.
Trixie era aquella chica amante de la moda, maquillaje e intentando iniciar su afición con los temas más explotados, trillados y débiles de lo sobrenatural, apenas conociendo lo que anda de moda. Hace poco ingresó a la escuela en su llegada a Dalton desde Nueva York. Pero ya tiene amigos y un grupo de amigas con las cuales siempre anda.
Encontró su fanatismo en Theodoric y su energía mística que éste aprovechaba para seducirla.
Mikaela maquinaba toda la información tal como una máquina depredadora que estudia a su presa.
Cuando el timbre de descanso sonó, Mikaela, ni corta ni perezosa, se apresuró a llegar con Theodoric. Claro, tenía un plan sencillo para iniciar la conversación.
Theodoric apenas se había separado de su novia quien fue al baño hace segundos. Observaba su teléfono distraído mientras caminaba.
En eso y con casi la totalidad del movimiento planeado, Mikaela choca con Theodoric quien, en un movimiento meramente instintivo y por reflejo, empuja a la chica con fuerza, haciendo que el aterrizaje sea más fuerte de lo deseado.
Con sangre saliendo de una de sus fosas nasales, Mikaela se levanta rápidamente intentando ignorar el dolor bajo pero constante. Sonríe y se acerca veloz al chico.
██—¡Hola~! Sé que me habrás visto varias veces por aquí, pero nunca te dije mi nombre ¿no?
██—Mikaela, siempre dices tu nombre cuánto toman el presente. —Respondió Theodoric alejándose lentamente de ella.
Mikaela no pudo evitar su desgano ante ese comentario, demostrándolo con un rostro serio. Pero no se rindió.
██—Oh cierto, lo olvidé. Pero bueno. Nunca hablamos tanto. Y… Tengo algo que decirte. —Continuó ella jugando con sus dedos.
Theodoric estaba más concentrado en los mensajes de su teléfono y tampoco quería que hayan malentendidos con su novia. Por ende, actuó reacio ante Mikaela.
Lentamente se fue alejando de ella, cosa que a Whateley le disgustó enormemente, pero se controló un poco.
Cuando estaba a punto de acercarse más a él, Trixie apareció caminando con sus zapatillas sonoras y estirando su mano para juntarla con la de Theodoric, quien con gusto respondió.
Todo esto, delante de Mikaela, fue un golpe de fracaso y una barrera casi impenetrable. O quizá, con la suficiente astucia, solo un obstáculo a superar.
En lo que Mikaela retornaba a su salón, Juniper, quien estaba sentada en una pared del patio de piernas cruzadas mientras hojeaba un gran libro de flora y fauna, anotaba en varias hojas sueltas textos que extraía del libro junto a varias Ilustraciones que replicaba con notable velocidad.
██—”Macrolepiota Procera”: Sombrero marrón pálido, cerrado de joven, que con el tiempo se abre, alcanzando un diámetro de hasta 30 cm. Presenta escamas aplanadas y oscuras, que irradian desde el centro, donde se sitúa un umbón oscuro…. —Explica para sus adentros, en murmullos casi imperceptibles, mientras dibujaba dicho hongo delgado.
██—Láminas libres, blancas y apretadas. Pie largo con un anillo doble también cubierto de escamas, y que se separa fácilmente del sombrero. Su sombrero puede llegar a medir 40 centímetros de ancho y su pie 20 cm. Presenta anillo móvil y un mamelón. —Continuó murmurando y dibujando en aquellas hojas.
No obstante, el viento repentino provocó que todas las hojas se dispersaran por alrededor y unas cuantas de ellas volaban hacia el interior.
Juniper se alteró y cerrando el libro en segundos, fue a cazar las hojas fugitivas.
Corrió entre toda la gente, muchas veces tropezando, cayéndose o empujando.
Muchas de las hojas ya sufrieron las huellas de cientos de zapatos mientras otras, ya arrugadas, eran víctimas de individuos curiosos que observaban su contenido para luego desecharlo al suelo o un tacho de basura.
Juniper no dudó en buscar aquellos ejemplares que fueron a parar a la basura, nada la detendría de recuperar sus anotaciones y partes de una bitácora botánica que ella continuamente compone con pasión desde que tiene memoria.
En su desesperación, no pensó opciones menos invasivas para recuperar uno de sus papeles, el cual quedó estacionado en el rostro de una chica de oscuros cabellos y mirada terrible.
Cuando Juniper casi tira a aquella chica y tras quitar el papel, Mikaela no estaba muy feliz de esa interacción.
██—¡Ay por el oscuro! ¿¡Acaso te entrenas para ser más retrasada!? — Protestó Whateley empujando a la joven.
Wayward se sintió avergonzada. No llegó a oír bien lo que dijo Mikaela, a causa de la común pero irritante cantidad de ruido que su mente captaba en volúmenes altos por igual, pero sonrió con pena, sabiendo que ese error fue vergonzoso.
██—Lo siento mucho. Mis papeles y anotaciones se habían escapado de mi. Es que estoy escribiendo sobre hongos y plantas que encuentro, no necesariamente aquí ¡Pero todas son muy pero muy interesantes! Como por ejemplo la Cyptotrama asprata, es un hongo de la familia Physalacriaceae, se encuentra distribuido por todas las zonas tropicales del planeta, se la conoce habitualmente por los nombres de Seta de oro andrajosa y Collybia de oro desaliñado. Estos hongos se… —Interrumpida por la mano de Mikaela apoyándose con fuerza en el hombro derecho de Juniper, observa como Whateley ya le señala su falta de interés.
██—Ya, no necesito saber tu vida.
██—Pero estoy hablando de la Cyptotrama asprata, no sobre mí. —Aclaró Juniper revisando el libro.
██—Entiendes lo que quiero decir. Ahora, déjame, tengo que encontrar a mi futuro amor de por vida. —Afirmó esta, sonriendo con malicia y corriendo a su salón.
Juniper suspiró y dio media vuelta para caminar a su pupitre tratando de ordenar los papeles mientras caminaba, lo que hacía la tarea difícil.
Por suerte, Samuel iba de camino a su salón junto a Jessica, que le hablaba de su próxima fiesta en su casa en unos días, y se encontró con Wayward.
Viendo su estado, decidió ayudarla y cargar algunas hojas.
Jessica miraba con cierto recelo a la movediza Juniper. Era increíble como Samuel era un imán de gente que era agradable con él y viceversa. Especialmente chicas.
Cuando llegaron al salón, todas las hojas se apoyaron en su mesa y Juniper se sentó muy feliz agitando sus manos antes de releer los textos que transcribió del libro del reino fungi.
██—Muy bien chicos. —Afirmó el profesor Rogers. —Hoy vamos a comenzar con el tema de historia universal, centrándonos en el imperio Romano. Principalmente en sus orígenes…
Las palabras se volvían borrosas para Juniper. Su mente no llegaba a recibir aquella información, pero los datos de los hongos seguían fluyendo con libertad.
No obstante, fragmentos de algo extraño surgieron como destellos repentinos. Visiones de un interior anómalo e inhumano inundaron sus neuronas mientras sonidos se incrustaban en sus sentidos por segundos.
Por segundos, sentía que se desmayaba, pero logró retener la compostura.
Rogers terminó de escribir un amplio texto en el pizarrón y observó la clase.
██—Muy bien. Con esto espero hayan entendido que aún con todas las teorías y fragmentos históricos, no tenemos certeza de que acabó con los pueblos más aislados de nuestro país.
██—Disculpe, profesor Rogers. —Alzó la mano Juniper, algo mareada. —¿No que estábamos hablando sobre Roma?
Rogers rió y caminó hacia ella.
██—Mientras usted estaba distraída mirando sus hongos y al techo, ya pasamos de ese tema… señorita Wayward, le pido encarecidamente que mantenga atención en la clase. Gracias.
Avergonzada, Juniper bajó la cabeza y comenzó a escribir todo el texto del pizarrón.
Finalmente el receso comenzó y todos salieron.
Mientras Juniper permaneció leyendo los textos que transcribió, a pocos metros Sarah estaba en camino al salón donde estaba Wayward, para cuestiones de investigación.
En eso, una chica de cabellos oscuros choca con ella en un recorrido distraído y rápido.
██—Por dios, ya es la segunda vez en el día… —Protesto Sarah retomando su camino. Pero la contraria la detuvo.
██—¡Espera! ¿Conoces a Theodoric? El hermano de ese chico gótico gay. —Preguntó Mikaela mostrándole varias fotos desde su teléfono.
██—Theodoric… Si, el hermano de Charlie ¡digo, no! No realmente.
██—¿No realmente qué? Vamos, es para una pequeña cita… —Aclaró Mikaela con cierta picardía.
Sarah miró con cierto disgusto a la chica. Pero le restó mucha importancia al continuar su camino.
Mikaela la detuvo nuevamente agarrando su brazo. Ella alejó su brazo con rapidez y la miró enojada.
██—¿No vas a contarme cosas sobre él?
██—Ay por favor, no pienso decirte nada. No me incumbe ni me importa. Además tienes pinta de que vas a sacrificar fetos de perro en un pozo séptico en luna llena de Halloween a las tres de la madrugada. —Protesto y resistió Sarah. Mikaela rió e intentó ignorar, pero no pudo evitar responder.
██—Eeh, bueno, eso fue muy específico. Un poco raro, pero atractivo. —Sonrió pícara mientras juntaba sus manos en el mentón.
██—Si. Mi mente es bastante activa… Como sea, no quiero hablar más. —Y así, Sarah siguió su camino.
Frustrada Pero insistente, Mikaela la siguió.
██—Vamos albina. Sé que sabes cosas. Porfis, porfis, porfis!
De repente, Sarah la estampó contra la pared estando ambas enfrentadas.
Mikaela quedó con sus manos en alto con una expresión sorprendida y asustada.
██—Voy a ser directa. No te voy a decir nada porque no quiero y no me importa. No insistas a no ser que sea mínimamente importante para mí.
██—P-pero por favor. La… la cosa de la cita e-es… es una excusa. T-tu me entiendes ¿N-no? ¡Para estu-estudiar! —Afirmo temblando e intentando hablar, ya que la albina aplicaba presión sobre el pecho de Mikaela.
Sarah la miró fijamente, como una amenaza silenciosa comunicada con la sola mirada.
Finalmente, la soltó.
██—Vas a tener que esforzarte más para conseguir información de ese chico… O solo habla con él, yo que sé. — Añadió ella, dando media vuelta.
Mikaela se mantuvo quieta durante la retirada de Sarah, Pero una vez tomó aire, analizó su experiencia.
Evidentemente era una chica públicamente amenazante y un obstáculo feroz si es que tiene alguna amistad con Theodoric.
Mientras caminaba, ideaba su plan de reconocimiento de la ubicación de la casa de su prometido platónico.
Debía ser simple si iban con el mismo autobús, pero desafortunadamente no era ese el caso. Así que, tendría que ir por otro camino a pie, espiando. Aunque la distancia era larga y ese detalle le hizo perder las ganas de realizar su plan.
Desganada, iba a subir al autobús, pero antes de pisar el primer escalón junto a los demás chicos, vio a Juniper caminar con unos cascos hacia el borde de la vereda.
Curiosa, Mikaela pensó en hablarle, quizás ella sabía algún camino a pie menos largo.
Ella tocó su hombro y Juniper saltó del susto, pasando su mano por el hombro.
██—¡Ah, no me asustes así!
La reacción hizo retroceder la mano de Mikaela al instante, pero no sus intenciones.
██—Relájate chica. Hey, perdón por hablarte así la última vez. Pero… ¿Qué haces ahí parada? —Preguntó la pelinegra.
Juniper pensó cómo hablar y tras solo unos segundos, contestó con una sonrisa tranquila.
██—Estoy esperando a mi papá. Últimamente notó como me molesta estar en el autobús y decidió hacerme el favor de llevarme a casa.
██—Oh… Comprensible. —Responde rascándose la cabeza y mirando a otro lado. Juniper no tardó en volver a sus asuntos.
Mikaela volvió a hablar.
██—Hey ¿Me harías un favor? Mi papá trabaja horas extras y no tengo dinero para el transporte. —Explico gesticulando con las manos un poco. Juniper, aunque no pareciera, estaba escuchandola mientras bajaba el volumen de su música.
██—Así que ¿Crees que tú padre pueda llevarme a mi casa?
Juniper no lo pensó mucho, apenada por su situación, asintió con una agradable sonrisa.
██—Mi papá puede llevarte también, no creo que tenga problema. También tenemos lugar.
En eso, llega un auto, su papá la esperaba.
La chica se acerca al auto dirigiéndose directamente a su papá.
██—¡Hola papá! una chica de mi escuela, no tiene cómo ir a su casa sin caminar demasiado ¿Puedes llevarla a su casa?
Tedd no estaba muy a gusto con la idea. Pero recordar lo insistente que puede ser Juniper le dolía la cabeza.
██—Bueno, está bien…
Juniper brinca feliz y va a la puerta del acompañante.
Mikaela se sienta en la parte trasera y va trazando su estrategia mientras Juniper cuenta con entusiasmo, algunas faltas de aliento, tartamudeos y golpes suaves y repetidos a la silla al intentar recordar detalles de los datos que lanza como metralleta directamente al oído de su padre. Entre todo eso, Mikaela se mete y, resaltando entre la palabrería de Juniper, se presenta ante el hombre.
██—Perdón interrumpir a su hija. Me llamo Mikaela, un gusto.
██—Si… mucho gusto ¿Dónde queda tu casa?
Con algunos gestos y direcciones, ella le menciona que su casa se encuentra en el barrio cercano al bosque, un poco más apartado y lejos de la casa de Tedd y su hija. Cómo tal Tedd no conocía esa zona.
██—Niña, está muy lejos, no me conviene.
██—Papá, pero si no tiene que caminar demasiado.
Tedd no estaba muy a gusto, estaba hasta por dejarla afuera. Y no precisamente a Mikaela.
██—¿Y si la dejas en la entrada de casa? Va a caminar menos. —Resolvió Juniper sonriendo hacia Mikaela. Ella le respondió el gesto.
Tedd, resignado, vio esto como una opción más viable. Así que accedió.
En el camino, Mikaela ve los autobuses escolares, notando como uno se detiene en la casa cercana a la iglesia. De allí ve salir por unos segundos a lo que parece ser Charlie, Theodoric, la albina y un sujeto con lentes.
Sonrió satisfecha con los resultados.
Tras una hora y media de cataratas de palabras de la joven Wayward, llegan al barrio de casas donde vive Juniper, poco después del barrio donde sabe que habita Theodoric.
Los tres salen del auto y la chica oscura no deja de mirar al otro barrio.
Juniper, sin detenerse a mirar y murmurando cosas, camina a la puerta entrando a su casa.
Por otro lado, Mikaela comienza a caminar por la calle rodeada de altos árboles que da al barrio donde vive su futuro prometido.
Agarra una bicicleta tirada al lado de la calle que da al bosque y pedalea hasta el barrio deseado con risas maniáticas ocasionales.
El eco del sonido no llegó ni cerca a la casa de los Vraanxia.
Charlie estaba leyendo su libro y dibujando círculos con varios signos dentro y alrededor.
—Bien bien. Circunferencia de Tailodeon, lista. Sellos de Nakshat, listo… Ahora sigue el alma pura… ¿Pero qué contaría como alma pura?
En eso, Theodoric abre la puerta rápidamente y voltea a Charlie hacia él.
—¡Charlie necesito tu ayuda!
—Pero por la santa iglesia, es la quita vez que intento hacer esto. Ahora… ¿Qué te pasa? —Preguntó este resignado a tener paz.
—¿Recuerdas a esa chica loca que me seguía desde hace tres meses?
—No…?
—Bueno no importa ¡Acabo de ver a esa tipa en la ventana espiando! Busca alguna forma de alejarla para siempre. —Pidio este en pánico e inseguridad por su vida. Pero Charlie no lo tomó muy enserio.
—Relajate Theodoric ¿Qué te puede hacer ella? Además de asustarte. Tienes la protección de nuestra diosa y nosotros sabemos cuando te pasa algo malo. Tu solo dile que deje de molestar.
—Ojala sea así de fácil…
—Ay vamos ¿Que tanto va a hacer?
En eso, alguien toca la puerta.
—¡Ay no, es ella! —Chilló Theodoric colocándose tras su hermano mayor.
—¿Y cómo estás tan seguro?
—Si pregunta. Dile que me fui a… a comprar.
Sin tomar seriedad al asunto, Charlie se dirige a la puerta y la abre.
Allí se encontraba un repartidor de comida, quien con una caja ancha y baja, se la entrega a Charlie.
—Son 50.
Inmediatamente, Yayah llega al instante y agarra la caja mientras le da el dinero al repartidor.
Charlie cierra la puerta y emprende su camino a su habitación.
Sin embargo, la puerta vuelve a ser golpeada.
Extrañado, Charlie vuelve a abrirla.
Mikaela se encontraba parada enfrente con una amplia sonrisa.
—¡Ho…!
Charlie cierra la puerta. Pensando, vuelve a abrirla.
—¡La!
La puerta vuelve a ser cerrada. Pero la vuelve a abrir para asegurarse.
—¿Listo?
—Supongo que eres Mikaela ¿No?
—Exacto, un gusto ¿Está tu hermano Theodoric? —Pregunta inclinándose hacia adentro, pero Charlie la empuja hacia afuera.
—Se fue a comprar. No sé cuánto tarde. —Respondió con rapidez empezando a cerrar la puerta. Pero Mikaela lo detuvo con el pie.
—Puedo esperarlo.
—Nah,es la compra del mes, tardará mucho, adiós.
—Pero…!
Y en ese instante, Charlie dió un portazo que aplastó el pie de Mikaela e hizo que finalmente quedara afuera.
La chica se quejó agarrándose el pie y gruñendo. En el otro lado, Charlie comenzaba a entender lo molesta que era.
—Tan equivocado no estaba él…
Theodoric se asoma por el marco de la puerta de la habitación de su hermano y temeroso mira a sus lados y las ventanas.
Tras un suspiro, sale de su escondite.
—Finalmente se fue. Supe que me buscaba cuando estaba saliendo de la escuela. Ugh, ella es tan, tan…
—Molesta, aterradora, rara, olorosa, acosadora?
—Exacto. Pero no sé cómo sacarla de encima mío. Y peor, no sé si le hará algo a Trixie ¡Está loca!
Charlie se apoyó sobre su escritorio donde leía el libro. Colocó su mano en su mentón y pensó un poco. Decidió lo menos lógico pero que siempre funcionaba.
Realizando unos movimientos, comenzó a decirle a Samuel y Juniper sobre el asunto. Sarah no respondió, pero seguro había leído.
“Eso da miedo” opinó Juniper al respecto con un mensaje de texto. Parecía que iba a seguir escribiendo pero no terminaba.
“Tu hermano está en aprietos. Escuché que esa tal Mikaela tiene cosas más raras que Sarah…” Informó Samuel con su mensaje textual.
“¿Pero van a ayudarme a ahuyentarla?”
Ninguno respondió, hasta que Sarah hizo sonar su teléfono.
“Bien. Solo dame más información…”
Por unas dos horas, Mikaela fue el objeto de estudio de Charlie. Pero la información era ínfima.
Volvió a contactar con Samuel, quien tuvo que preguntarle a varios de sus conocidos si sabían algo de la susodicha loca.
Varios hablaron pero pocos dieron respuesta concreta.
No obstante, los datos eran curiosamente útiles.
Según se dice, Mikaela no se baña usualmente, su hedor a tierra y velas la hacía destacar junto a su cabello oscuro y desaliñado.
Su familia es un total misterio para todos, tal como ella misma.
Pero se intuye la clásica frase de “falta de afecto paterno…” y materno, evidentemente.
Cada tanto se la ve en temas satánicos y oscuros. Pero nunca representa un riesgo, es tan débil y tonta que no puede matar a nadie. Chicas como Jessica Borges incluso la podrían neutralizar rápido.
Con eso en cuenta, no se podría tener tanto problema con una loca que con un sartenazo se le puede derribar.
Tanto Theodoric como su hermano no tenían de qué preocuparse.
Aunque la chica era persistente.
Tan persistente que aún seguía en esa casa, escondida afuera bajo la ventana del cuarto de Charlie.
Ella misma sabía que ella era débil y escuálida, sabía que no era la mejor en combate o incluso atacar y esa gente estaba decidida a usar los puños si ella se acercaba.
Por lo tanto, recordó al grupo el cual ella parece pertenecer.
Llegó a su casa a las corridas, abrió la puerta de su habitación de una patada y rió ante su plan.
Su perro, un Border Collie macho, la saludo con un ladrido y unas caricias. Actos que Mikaela respondió con entusiasmo.
—Vamos, Levi, hoy tu mamá conseguirá a su prometido. Pero va a necesitar ayuda. —Dijo, comenzando a llamar a varios números.
Así durante toda la tarde, para luego, dentro y encerrada en su desprolija habitación, idear un complejo plan. Total, ya sabía cuáles serían sus obstáculos.
El día pasó rápido, tanto, que ya era la mañana. El despertador volvió a rugir y la mano molesta de Mikaela la apagó.
Se despertó en su silla, con una de sus manos sosteniendo el teléfono.
Con una amplia sonrisa, agarró su mochila y corrió fuera de casa para llegar al autobús.
Cada vehículo llevaba una clase, y Mikaela sabía que Theodoric estaría sentado en la parte del fondo. Sin embargo, cuando llegó allí, no estaba.
Frunció el ceño con molestia y miró a los lados.
Seguro estaba en otro autobús o algo así. Pero no tenía tiempo de revisar.
Al llegar a la escuela, Mikaela miró por todos lados y luego unas notas que tenía en su brazo tapados por sus mangas. Al volverlas a estirar, comenzó a caminar confiada a verlo en el salón. Pero en eso, Juniper repentinamente pasó por delante y la chocó por “accidente”.
Enojada, Mikaela la empujó y la estrelló contra una pared.
Juniper se quedó congelada, con la espalda presionada contra el muro. Sus ojos estaban bien abiertos, su respiración agitada. Le costaba coordinar sus pensamientos.
Pero entonces, empezó a emitir una risita muy leve, casi involuntaria, sin mirar a Mikaela directamente. Se tapó la boca con ambas manos, y sus dedos comenzaron a moverse de forma repetitiva en el aire.
—¿Y si dejas a “La Honguitos”, Whateley? —Entonó una voz suave, susurrante y gélida. Aún con ese tono, se notaba su fuerza y severidad.
Mikaela se volteó y vio a la pálida chica blanca observándola amenazante con su profunda mirada gris.
—Tu otra vez… ¿Qué? Es una estúpida que se me cruzó. Seguro hasta fue a propósito, mira como se ríe la mocosa. —Se queja Mikaela señalando como Juniper efectivamente era víctima de una leve risita baja.
—Sorpresa, yo le pedí que lo hiciera ¿Y sabes por qué? Porque te tengo en la mira, Whateley. —Entonó con sombria entonación, acercando su cara de color porcelana a la palidez enferma de Mikaela. Un escalofrío surgió de ella, pero se resistió y la empujó hacia atrás.
—¿Ahora que les hice para que me anden molestando? —Cuestionó ella.
—Tu objetivo estos días es conseguir a Theodoric ¿No es así? —Cuestionó Pharagon de brazos cruzados.
—¿Si…? ¿Y qué les importa?
—Pues él no quiere. Simple. Hagámoslo por las buenas, déjalo y olvídate de él… o te haré desaparecer de su vida a golpes.
Mikaela tenía ganas de responder con un golpe digno de noqueo, pero era evidente que su fuerza no era la suficiente para ello. Refunfuñó y se fue a paso acelerado.
—Bueno. Me alegro de que no haya sido una pelea tonta… Las peleas son un gasto innecesario de energía social. —Comentó Juniper, acomodándose la ropa tras recomponerse de la pared.
—Supongamos. Eso dependerá de ella. —respondió Sarah, sin quitarle ojo a Mikaela en la distancia.
Ambas caminaron por el pasillo. Juniper se mantenía algo desfasada en ritmo, desviando la vista hacia los bordes de las paredes, el suelo y las esquinas. Finalmente llegaron a la esquina donde Charlie los esperaba, con los brazos cruzados.
—¿Cómo les fue? —preguntó con curiosidad.
—Pues… se escapó toda asustada. Tanto satanismo y tal, pero no se atreve a enfrentar a una albina que según ella es “débil”. —Sarah alzó el mentón con su habitual tono de orgullo frío. —Aunque fue Juniper quien ayudó con la idea.
Charlie miró a Juniper, que estaba completamente absorta observando una araña en una telaraña cercana.
—Mira, está subiendo y bajando con el hilo. Eso es una señal de estrés en muchas especies… aunque podría estar solo reorganizando su espacio. Me cuesta no sentir empatía por ellas. Es como si hicieran lo que pueden con lo que tienen… —dijo Juniper, sin apartar la mirada, sus dedos imitando el movimiento de la araña con sutil coordinación.
Charlie sonrió de lado y volvió a centrarse en Sarah.
—¿Algún plan de contingencia por si vuelve? —preguntó con tono serio.
Sarah se cruzó de brazos y miró al techo como si buscara respuestas en él. Luego empezó a caminar en círculos, hablando para sí.
—Tendremos que encontrar la forma de mantenerla lejos para siempre… como matarla.
—¿¡Qué!? —exclamó Juniper, girando de golpe como si hubiese estado atenta todo el tiempo. Su tono era de genuina alarma, sus cejas muy levantadas. Había estado observando otra cosa, sí, pero aún así captó la frase.
Sarah soltó una risa suave, divertida.
—Ya, ya, es broma. No quiero que la ley obstaculice mis planes a largo plazo… —bromeó con tono enigmático, girando sobre sus talones y mirando a ambos de reojo. —Los veo después. Hoy tengo evaluación de matemáticas.
Y se alejó con paso calmado por el pasillo contrario. Juniper la siguió con la mirada por unos segundos.
—¿Crees que fue buena idea decirle sobre esto? —Preguntó dudosa. Charlie respondió con duda usando sus hombros.
—Ehhh. Por cierto, ¿pasó algo el Domingo? —Preguntó ella con duda genuina.
—Depende… ¿Por qué?
—Bueno, tengo visiones e imágenes de cosas que no estoy seguro que hayan pasado o existido. Digo, cosas como estar dentro de una nave espacial extraterrestre o cosas como esas. Hasta creo que estabas tú, Samuel y Sarah. —Explicó ella mientras caminaba junto a él y gesticulaba notablemente con las manos en el aire. Incluso, desde su bolsillo, sacó unas notas y lapicera, con las cuales dibujó rápidamente algunos conceptos y mapas que ella recordaba. Esto con el fin de ilustrar sus visiones y los recorridos que su mente disparaba.
En las hojas había gráficos desordenados de pasillos, habitaciones extrañas y semejantes a salas médicas.
Charlie observó los dibujos, entre ellos se mostraba una figura alargada, cabezona y de grandes ojos. Podría haber sido un alien gris clásico… pero, tenía cabello, ojos con pupilas y una apertura en el pecho.
Al ver esos ojos en el dibujo, ahora Charlie era quien comenzaba a recibir esas imágenes. Los disparos, los sonidos extraños que venían de esas criaturas y el impacto de la nave que los ayudó a escapar.
Era real. Fue real…
Ambos se miraron intensamente, Juniper no por mucho tiempo, pues sus nervios crecían y sus ojos apuntaban a las paredes o cualquier otro lado. Pero sus manos se agitaban y se encontraba tambaleando. No fue hasta un minuto en el que comenzó a caminar de un lado al otro, del punto A al punto B. Su voz era nerviosa, rápida y alta.
—¡De alguna forma estuvimos perdiendo la memoria de algo tan importante e increíble como eso! Algo lo está causando. Y no, no es solo esto. Quizá sea algo solamente mío, pero últimamente recuerdo más como mis padres menosprecian mis gustos y actitudes a la vez en la que peleamos con… creo que eran unos insectos… ¿No?
Charlie recordaba todo eso a la perfección. Le preocupaba su amiga.
—Exactamente. Es raro. A ver, si, pasaron varios días. Pero cualquiera recuerda para toda su vida a los roedores insectos. Vamos Juniper. La clase empezó. Más tarde lo veremos…
Pasaron más horas y el autobús llegó. Otra vez estaba Juniper con sus cascos, escuchando las mismas 3 canciones que lleva escuchando repetidas veces desde hace un mes. Miró a los lados, esperando a que, de alguna forma, Mikaela vuelva a aparecer y repetir su búsqueda. Pero todo fue tan rápido, que sus ojos no percibieron como Charlie corría hacia ella.
—¡Juniper, Juniper! ¡Theodoric no está! —Exclamó este apurado y entre jadeos. Corrió bastante. Juniper estaba asustada por lo sorpresivo de su llegada. Pero tomó aire, reguló su respiración y miró a todos lados.
—¡S-seguro Mikaela se lo llevó!
—Sarah ya está viniendo junto a Sam. Tuvo que perder el autobús y no está de buen humor.
A la distancia, dos figuras se iban acercando a ellos.
Una blanca como la nieve y otra anaranjada.
Finalmente un brazo se levantó de parte de la figura blanca, junto a un notable sonido.
—¡Se fue por allá! Vengan a ayudar a buscarlo. La enferma se lo llevó. —Informó a gritos ella. Tanto Juniper como Charlie corrieron al dúo y se dirigieron al bosque.
Entre las raíces, ramas y hojas, los cuatro caminaron mientras pensaban.
—¿Hace cuánto lleva está tipa interesada en tu hermano? —Preguntó Sarah mirando a su alrededor, contando a cada uno. Pero su pregunta era evidentemente dirigida al hermano mayor de su objetivo.
—No tengo idea. Recién ayer él me contó todo esto. Solo él sabe.
—Entonces, está tipa lleva acosando desde hace dios sepa cuánto a tu hermano con intenciones desconocidas… aunque es evidente que quiere algo amoroso con este. —Se explicó a sí misma. —Si no lo sacamos de sus dedos roñosos, puede que nunca vea la luz del sol… — Finalizó ella, dando una mirada dramática hacia atrás.
En eso, algo se mueve entre las plantas.
En ese mismo momento, Sarah desenfunda su revólver y da un disparo hacia el cielo. Un corto grito surgió de ahí.
Sarah revolvió las hierbas y apuntó a la persona. Sin embargo, no era la loca que todos esperaban.
—¡No dispares, por favor! —Gritó una voz femenina. La chica detrás de las hierbas se horrorizó mientras temblaba.
Sarah bajó el arma y miró extrañada.
—¿Qué mierda haces aquí, chica? —cuestionó ella inclinándose a sus ojos.
—¡Soy Trixie de la escuela! Ese tipo loco atacó a mi novio y a mi.
—¿Tu novio es Theodoric?
—¡S-si! —Respondió ella rápidamente.
Sarah sonrió y se enderezó.
—Bien, ahora vete. Tengo, digo, tenemos cosas que ha… —De repente, interrumpiendo a Sarah, una flecha impacta en un tronco, a solo centímetros de la cabeza de Juniper, quien se congeló del terror.
Todos miraron al origen del disparo, y, con solo unos segundos, vieron la sombra saltar de árbol en árbol. Rápidamente Sarah disparó e impactó al tronco, cerca del enemigo. Este volvió a salir y disparar. Fallando nuevamente.
—¡Cúbranse y manténganse alerta! —Ordenó Sarah a gritos. Todos hicieron caso al instante.
Volvió a disparar y fallar. Pero eso hizo que el objetivo comenzará a correr lejos.
—No vas a escapar, basura. —Formuló amenazante para posteriormente correr. Por instinto, los demás la siguieron.
A excepción de Trixie, quien corrió al sentido contrario, saliendo del bosque.
Sarah esquivó más proyectiles que no iban a ningún lado por un largo tiempo, hasta que el objetivo se detuvo y, con su pesado tronco, tiró a Sarah, haciéndo que soltara el arma. Sistemáticamente le apuntó con la ballesta.
—Espero que tus últimas palabras sean buenas. —Dijo la figura, llevaba una máscara de cabra, su ropa era suelta, tal como túnica y mangas largas y grandes. En su cinturón cargaba objetos raros.
Su voz sonaba extraña, como una radio descompuesta y de tonos gruesos antinaturales.
—Ugh, ¿Acaso eres un cosplayer de miembro de culto de Cthulhu de Walmart? Porque todo se ve muy barato.
—Gracioso chiste, ¡Espero y sea el último!
Con furia, se preparó para disparar, Pero una patada en la entrepierna le quitó la coordinación y el flechazo fue a parar al suelo. Cerca del hombro de Sarah.
Está se levantó y le dió un puño que hizo darle vueltas al atacante.
Sin más flechas, empuñó la ballesta y corrió a la albina con intenciones de usarla como algún arma de cuerpo a cuerpo.
Revoleó el arma por varias direcciones, hacia adelante, a los costados, desde arriba e incluso desde abajo. Cada intento frustrado por la agilidad de Sarah, quien evitaba los impactos.
Al poco tiempo, quien llevaba el arma se llevó una potente patada de parte de Samuel, quien luego lo empujó.
La máscara cayó y su cabello se soltó.
Su rostro era pálido y dañado, ojos vagamente rojizos y una mirada oscura.
—No me equivoqué… Vaya sorpresa. —Acotó la albina, empuñando el cuchillo que lleva permanentemente en su saco.
Charlie, quien estaba decidido a ponerle fin a esto, se adelantó.
—Te lo digo por última vez, Mikaela. Deja a Theodoric en paz. Dime dónde está.
Mikaela solo se dignó a sonreír.
Aunque decidió dar ciertas pistas.
—Bien… es un lugar oscuro, decorado con mucho amor a la cabra oscura. Y con todos los preparativos para la boda en el infierno… ¡No están invitados!
Y apenas dicho eso comenzó a correr.
—¡No dejen que se escape! —Ordenó Sarah viendo como Charlie aumentaba su velocidad en cuestión de segundos.
La persecución se extendió por casi un kilómetro, Charlie parecía incansable, Mikaela inhumana y tanto Sarah como los restantes mostraban signos de fatiga. Pero, al menos la albina, forzaba su propio cuerpo para seguir y seguir.
Vraanxia daba amplios saltos que le ayudaban a cubrir más terreno y acercarse a la chica. Pero no era suficiente. Está lanzaba toda piedra y ramas que encontraba por el camino, apenas logrando que pocos objetos impacten en sus persecutores.
Llegó a una pradera cercana a un campo de trigo. Allí había una casa entre los árboles. Mikaela sonrió al observar su corta distancia.
Sus piernas eran fuertes.
Sarah, quien iba detrás de Charlie, tenía más lejos a la chica, Pero no parecía cansarse tan rápido. Charlie había perdido velocidad y la albina, adelantándose, estaba decidida a hacerle el favor a su amigo de dudoso género de neutralizar a la trastornada que secuestró a su hermano.
Hasta que algo la detuvo tan pronto, que cayó con un dolor agudo.
Un ardor intenso se presentó en su cuello, casi dejándola sin aire.
A varios metros, el grito furioso de Sarah por caer en dicha trampa tonta, se escuchó hasta llegar a los oídos del cansado Samuel y la pérdida de Juniper.
—¡Sarah! —Gritó Sam, anunciando su presencia al llegar a la pradera cercana al campo de trigo.
—Deja de gritar y ayúdame a levantarme. La caída me dolió. Esa bruja metió está cosa y casi le corta la cabeza.
Juniper llegó y se sorprendió significativamente al ver la marca roja en su cuello.
—Ok, ok. Solo es una marca con sangre y ya… ¿Quieres algún vendaje o algo? —Consultó nerviosa Juniper acercándose a la albina.
—No importa ahora. Debemos ayudar a Charlie ¡Muévanse! —Ordenó furiosa Sarah, dándole un empujón a Wayward y reanudando su carrera.
La ventana de aquella casa estaba abierta, daba a una habitación decorada intensamente con objetos de índole satánica y de religiones oscuras. Cultos a seres extraños y peligrosos junto a sus estéticas corridas gobernaban el lugar. Y entre todo ello. Theodoric estaba en una cama, atado con fuertes cuerdas y cinta en la boca.
Poco tiempo tuvo para definir su situación o donde estaba, puesto que en un plazo de dos segundos, vio a Mikaela saltar y entrar por la ventana para luego cerrarla al instante.
—No entrarán… Mi amigo Baphy no lo permitirá, tengo su amuleto y estatua… Bueno. —Dijo volteando hacia Theodoric, quien, intentando procesar todo, hacia lo que podía para tratar de salir de aquellos nudos fuertes.
Mikaela se acercaba amenazante Pero con un aire lujurioso.
—Hoy te harás hombre, mi Theodoric. Y no habrá nadie para evitarlo. Juntos… —Añadió mirando hacia el cuadro de una representación de Satanás. —Juntos seremos quienes le muestren el infierno a los mortales de este mundo. Y seremos como rey y reina, embajadores de la oscuridad y la depravación… ¡Si! Ellos me respetarán… —Continuó en éxtasis con una sonrisa torcida y turbia. Su maquillaje la hacía ver peor.
En su monólogo, Charlie llegó a la casa.
Observó por la ventana más cercana, la casa estaba vacía a excepción de la loca y posiblemente su hermano allí atrapado. Logró forzar la cerradura de la ventana y abrirla. Su entrada fue silenciosa.
—¡Los demonios cantarán serenatas de amor en nuestra luna de sangre, donde nos dejaremos dominar por nuestros más bajos instintos en un goce infinito mientras otros, bajo nuestro…! —Continua Mikaela, agarrando de la cabeza a Theodoric. —¡Llorarán por seguir en el basurero del infierno, comiendo mierda y orina. En cambio nosotros, seremos privilegiados, dioses ante ellos. Satanás me lo prometió!
Sam logró abrir la trampa, permitiendo que Sarah retire su dañado tobillo. Se sentó y observó el daño.
—Hija de perra, ahora tengo más razones para matar a la basura esa. A este punto ya cuenta como intento de homicidio.
—De hecho, ya cometió varios crímenes. —Aclara Juniper. Mirando la solitaria casa donde fueron a parar Charlie y Mikaela.
—Sarah, por dios vamos a casa. Seguro Charlie podrá resolverlo. Estás lastimada. —Clama Samuel ayudando a levantar a la albina.
El rostro de Sarah estaba contorsionado con dolor y molestia. Pero más que nada, furia. Mikaela llegó demasiado lejos, y eso determinó el daño que le hizo en su cuerpo. Podía seguir, y estaba decidida a terminar esto.
Ignorando a Samuel, siguió su camino a una velocidad reducida pero constante. Sin su revólver, le quedaba su cuchillo y su habilidad con este.
Dentro de aquella casa, cuchillazos iban directo a la madera en la que Charlie se defendía de Mikaela.
Procedió a darle un golpe devastador con la misma tabla a su cabeza, dejándola mareada.
Se rehabilitó rápido y pegó una patada que tiró al joven.
—¿Por qué haces esta estupidez? —Cuestionó Charlie mientras se levantaba.
Mikaela rió con poder en lo que empuñaba nuevamente el amplio cuchillo y se acercaba.
—El infierno necesita una reina y un rey. El de abajo me dijo que podría ser cualquiera. Yo podía elegir… ¡Y elegí a Theodoric! —Gritó corriendo hacia él y tirándolo. Intentaba de una vez enterrar la cuchilla a su garganta. Pero la fuerza de Charlie era destacable, tanto, que detenía con suma efectividad los intentos de ella. Pero la fatiga comenzaba a mostrar las consecuencias de su pelea.
Lentamente, la hoja del arma comenzaba a bajar entre risas de la psicótica adolescente.
—¡¡¡Vamos, muérete, muérete!!! —Gritó entrando en desesperación al ver que este, en un último esfuerzo, comenzó a retroceder la cuchilla. Era una pelea de fuerzas que se iba acrecentando a gritos.
Sarah llegó a la ventana de la habitación de Mikaela, viendo como Theodoric estaba atrapado en este loquero. Rápidamente, cortó las ataduras y le quitó la cinta de la boca de una forma rápida pero ardientemente dolorosa.
—¿¿¡¡Dios mío qué está pasando!!?? ¡¡Charlie está por morir!! —Exclamó Theodoric corriendo al comedor, donde el dueño se llevaba a cabo.
Theodoric no tenía el coraje de intervenir, pero evidentemente y ante la prepotencia, Sarah demostró que sí tenía ese coraje, valor… y también enojo, para hacerlo.
Con poder y odio, le propinó a Mikaela una fuerte patada a las costillas que la dejó sin aire.
Charlie se la sacó de encima en el momento y se levantó.
—¡Sarah, muchas gracias! —Dijo con júbilo Charlie poniéndose al lado de Sarah.
Al instante, ve a su hermano parado en una esquina, asustado y sorprendido.
—¡¡Theodoric, por dios!! —Exclamó corriendo hacia él, llegando con un gran abrazo. —Ya estoy aquí. Estarás bien. Vámonos, Sarah. ¡Llamaremos a la policía!
Sarah recibió un gran puñetazo al rostro de parte de Mikaela, quien no se rendía.
La empujó a la pared y comenzó a golpearle el cráneo. Charlie no se quedó quieto corrió a auxiliar.
Pateó una pierna de la enemiga y está se retorció del dolor. Dándole tiempo a Sarah de salir de su poder.
Los tres corrieron hacia la ventana de aquella habitación rara y oscura. Pero cuando estaban por salir, un disparo impactó en la pared, cerca de ellos.
—Quien entra, no sale… —Anunció Whateley amenazante. Sostenía con poder la pistola glock de su padre. Decidida a disparar a quien sea necesario.
Afuera, Samuel encontró un extraño mueble de estilo “ropero” aparentemente vacío, al abrirlo. Encontró algo increíblemente útil y poco ético para resolver esto.
Escondido, vio como los tres eran llevados afuera, al amplio patio.
—Dos caerán al infierno, como pobres condenados, y mi amado Theodoric caerá a mis brazos, para poder gozar las infinitas noches de pasión que tendremos… —Dijo casi susurrante, haciendo que los tres se pusieran de rodillas.
Charlie estaba pensando, imaginando, lo que sea, para salir de esta.
Theodoric estaba aterrado, casi al borde de las lágrimas.
Sarah estaba estoica, fría como cadáver, observando con odio y vergüenza a Mikaela. Una estúpida rarita pseudo satánica que al parecer subestimó.
Que humillante era caer por ella.
Aquel mueble extraño estaba cerca, a pocos metros. Samuel tenía el ángulo perfecto para actuar.
Así que, esperó unos segundos, Mikaela estaba en posición y, en tres, dos, uno, cuando estaba a punto de jalar el gatillo, Samuel corrió y gritó llamando la atención sorpresivamente de Mikaela.
Y sin darle tiempo a reaccionar, la empujó con tremenda fuerza a aquel mueble, en dónde entró y las puertas se cerraron.
Sistemáticamente, Sarah se paró y tiró el mueble hacia adelante, haciendo imposible a la chica salir.
Charlie colocó más objetos encima mientras Whateley gritaba y golpeaba.
Supieron que fue suficiente cuando ya no había oportunidad de que saliera. Solo había gritos y golpes.
Finalmente, Theodoric abrazó fuertemente a su hermano mayor.
—¡Muchas gracias por salvarme, Charlie! ¡Eres el mejor! —Exclamó con casi lágrimas en los ojos. Charlie respondió el abrazo al instante.
—Bueno. Nos quitamos a esa loca de encima. Cuando sus padres sepan de esto probablemente la manden a algún centro de detención o lo que sea. —Comentó Sarah comenzando a caminar.
—Y tranquilos, le pedí como deseo a Shikavu que se encargue de hacer que Mikaela no vuelva. Al menos por un tiempo.
Los demás la siguieron al poco tiempo, ignorando los golpes ya cansados de Mikaela.
—Y muchas gracias a ti y los demás por salvarme. Tus amigos son increíbles, Charlie. —Afirmó Theodoric dándoles un saludo a Sarah y Samuel.
Ambos hermanos rieron y charlaron hasta reencontrarse con Trixie, quien esperó en el borde de la calle a que su novio apareciera.
Tras un cálido beso, se dieron la mano y se despidieron de los chicos, quienes saludaron con cariño, al menos Samuel y Charlie, ya que el saludo de Sarah fue más tosco y leve. Pero una pequeña sonrisa había en su rostro. Una sonrisa de que todo salió bien.
Mientras la pareja iba a la comisaría para denunciar la locura, el trío caminó hacia sus casa. Aunque en medio del camino, algo faltaba.
—A todo esto ¿Y Juniper? —Preguntó Charlie luego de unos minutos de estar distraídos viendo el cielo.
La susodicha había llegado al lago de el día anterior. Recuerdos estallaron en su mente como relámpagos y truenos. Un gran impacto sacudió su conciencia. El rostro deforme de esos seres en la ventana de su casa.
Las imágenes de su pared.
Algo estaba faltando entre toda esa maraña de fotos y notas.
Una foto específica.
Sarah tenía esa foto.
Aún así y sin decir nada, para no causar problemas. Solo volvió al grupo. Esperando otro día para intentar entender qué pasó, no con el ovni, sino, con la foto y el interés de Sarah sobre tal fotografía…
En la noche. Cuando la policía revisaba la zona de forma tosca y desinteresada, el perro de Mikaela ladraba al mueble. Mikaela seguía encerrada, todavía intentando salir. Pero algo pasaba, las paredes comenzaron a ser más húmedas, viscosas. Una baba extraña emanaba desde arriba junto a algo que se sentía pasear por su cuerpo.
No tardó mucho tiempo en entender su desafortunada situación.
Este mueble estaba vivo.
Un agente se dispuso a sacar los objetos sobre el mueble, levantarlo y abrir.
No había nada. Completamente vacío.

